Esténtor Político


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La alianza Va por el Estado de México y la batalla que se avecina

 

Miguel Ángel Casique Olivos

 

El Estado de México (Edomex) es ahora uno de los últimos y el más importante bastión del Partido Revolucionario Institucional (PRI), debido a que Omar Fayad y Alejandro Murat entregaron los gobiernos estatales de Hidalgo y Oaxaca al Movimiento Regeneración Nacional (Morena). A este hecho también se debe, sin duda, la incertidumbre que hoy existe sobre si el PRI tiene la capacidad para ganar la elección para gobernador que este año habrá en esa entidad federativa.

Tal interrogante se plantea porque a pesar de que el actual gobernador mexiquense, Alfredo del Mazo, prometió defender esta última plaza del priismo con Alejandra del Moral, todo mundo sabe que mantiene una “estupenda” relación política con el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que, aunque institucional y respetuosa, puede ser un “indicio” de lo que ocurrirá en la elección del próximo cuatro de junio.

Para nadie fue sorpresa la candidatura de Delfina Gómez como la alternativa de Morena para arrebatar una entidad al PRI, donde aún conserva su mayor arraigo histórico. Desde su nombramiento como Secretaria de Educación Pública, con el argumento de que al fin esta posición federal sería ocupada por una “maestra”, pudo preverse que su paso por tal cargo era solo un movimiento táctico cuyo objetivo último vislumbraba su postulación para el Edomex.

Una maniobra en la que subyace un manifiesto sentimiento de venganza política y quizás también personal, dado el perfil moral de sus actores principales de nivel federal y local, y los hechos poco plausibles que estos protagonizaron hace ya más de un sexenio. Sí, hay que recordar que cuando Delfina Gómez fue presidenta municipal de Texcoco, descontó el 10 por ciento de sus salarios a 472 trabajadores para financiar a Morena; un acto de corrupción política e individual cuyas pruebas fehacientes fueron los cheques firmados por la entonces alcaldesa, y en el que estuvieron involucrados Horacio Duarte, en su carácter de Secretario del Ayuntamiento, y Alberto Martínez Miranda, quien fungía como tesorero y es hermano de Higinio Martínez, exalcalde de Texcoco, poderoso propietario inmobiliario y reconocido como “cacique” de esa región.

Sí, estos mismos personajes (Delfina, Horacio, Higinio) son los que hoy encabezan las acciones de “revancha política” en el Edomex, luego de que Morena simulara una encuesta para elegir a su candidato a gobernador, de la que resultó triunfadora la maestra Gómez gracias a los designios de la “dedocracia” que opera en Palacio Nacional, misma que nombró como coordinadores de campaña de Delfina a los otros dos, quienes han tenido que tragarse las imposiciones de AMLO para asegurar sus carreras políticas.

AMLO ha sabido manejar a sus partidarios otorgándoles cargos menores, embajadas y consulados –es el caso de Quirino Ordaz, Claudia Pavlovich, Alejandro Murat y Omar Fayad– y ha logrado que su partido se apodere de múltiples plazas donde los ciudadanos padecen un desastre político, como en Puebla, Veracruz y Oaxaca.

El Edomex podría correr la misma suerte. El desprestigio y la cercanía de Alfredo del Mazo con AMLO oscurecen el futuro del tricolor. Mucho se habla de que el grupo Atlacomulco ha negociado la impunidad de sus exgobernantes y que ahora se ha rendido a los pies del actual Presidente; aunque trascendió que está empeñado en defender a muerte el último baluarte nacional del priismo. Si Alfredo del Mazo cede, el PRI se extinguirá en el país.

Alejandra del Moral tiene la oportunidad de demostrar que su partido se ha renovado, que con la alianza Va por el Estado de México puede derrotar a Morena y que puede evitar a las mexiquenses la llegada a Toluca de un partido que tiene a México en la miseria y el atraso. Delfina Gómez llega débil a la elección, pero cuenta con todo el aparato y los incalculables recursos económicos del Gobierno Federal, con los que puede ganar la elección, aunque no podrá borrar el recuerdo de los delitos que cometió en Texcoco.

La decisión que tome Del Mazo puede cambiar el rumbo, pero los mexiquenses, conscientes de que los partidos políticos mexicanos están integrados con personajes que solo buscan su propio beneficio, deben reflexionar y escoger la opción menos peor. La alianza Va por el Estado de México no da todavía señales de victoria; pero si el priismo se decidiera a defender su último bastión sin olvidar al pueblo, Morena sufriría una derrota y llegaría débil a la elección presidencial de 2024.

La alianza, la decisión de Del Mazo y el compromiso claro con el pueblo mexiquense serán definitivas para el triunfo. Por el momento, querido lector, es todo.