Parece que el PRI recibió este domingo la puntilla en el Estado de México, el estoque de muerte a un partido que representa cada vez menos en el contexto político nacional.

Con la victoria de Morena en las elecciones del Estado de México, el tricolor perdió su último bastión importante; cierto, ganó Coahuila y tiene Durango, pero esas dos entidades representan muy poco en términos electorales: 5.5 millones de habitantes, menos de un tercio de la población de la entidad que gobernará Delfina Gómez.

Es la crónica de una muerte anunciada. Alito Moreno se dedicará a administrar los despojos del partido.