“El valor público de la cultura” / Luis Fernando Ruz Barros


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“El valor público de la cultura”

Mtro. Luis Fernando Ruz Barros / El Oráculo de Delfos

La cultura como sector puede ser entendida como el conjunto de instituciones, programas y recursos mediante los cuales los Organismos Gubernamentales llevan a cabo labores de planificación, coordinación y evaluación de acciones referidas directamente a ciertos procesos, áreas y manifestaciones culturales. Detrás de cada expresión cultural se encontrarán procesos de oferta y demanda, donde la creación, producción, difusión y comercialización de bienes y servicios culturales ponen en marcha un conjunto de operaciones tanto en su dimensión sustantiva como en su dimensión formal y administrativa. Es ahí donde debemos hacer una pausa para desarrollar la importancia del concepto que pretendemos transmitir: La profesionalización, la capacitación y la certificación del sector otorgará el valor público que debe tener la cultura en nuestro estado. Como en muchas otras ramas y disciplinas de los ejes gubernamentales, la cultura es quizá de las más castigadas, y no solamente hablando en temas presupuestales, sino por la escaza creatividad, innovación y proactividad de los responsables de llevar a buen puerto la encomienda. Una de las grandes necesidades y demandas del sector es la nula vinculación y contacto con los creadores y los gestores independientes, esos que no forman parte de colectivos iluminados o de grupos socialmente destacables, y que por su condición se quedan normalmente fuera de los pocos estímulos del sector. Tenemos, por tanto, que estas características han provocado que lo cultural-creativo se convierta en un sector de atención pública prioritaria y muy atractiva desde el punto de vista de las políticas de empleo y formación de recursos humanos. Según estudios internacionales, el sector cultural y creativo, en los últimos años (antes de la pandemia del COVID19), había mostrado tasas de crecimiento y de generación de ocupación cultural muy superiores a la media del resto de cualquier economía nacional. Pero además, los profundos cambios que se han producido desde la segunda mitad de los años noventa con el advenimiento de una economía de la cultura o de la creatividad, han dado lugar al surgimiento de nuevas exigencias en las profesiones culturales. Por ello y en la inteligencia de lo aquí comentado, la hoy Secretaria de Cultura de Veracruz deberá establecer como prioridad impostergable el generar esquemas de coordinación y vinculación asertiva con las autoridades educativas tanto estatales como federales para verificar los procesos de validez de cada uno de los estudios en la materia adicional a considerar la viabilidad de generar una certificadora que acredite de forma puntual las capacidades de los profesionales de la cultura. En este contexto, el sector cultural resalta como una de las columnas torales en un proceso de cambio social, uno que implique certidumbre en los trabajos y contraprestaciones de quienes se dedican a esta industria. Es así como los nuevos tiempos suponen entonces mejorar las competencias de los interesados en vincularse a la gestión de las artes y la cultura, contribuyendo tanto a la modernización del talento humano como a la mejora de las políticas públicas nacionales, regionales y locales que se traducirá sin duda en una reivindicación de la acción cultural pública y su relevancia en el imaginario social.