Se nos viene una guerra / Víctor Murguía


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Víctor Murguía

Sufren los xalapeños y veracruzanos de otras importantes zonas de la entidad por la falta de agua, pero a como estamos y vamos llegará el tiempo, no lejano, en que lo padecido ahora será leve en comparación a lo que se sufrirá.

Por la escasez prácticamente ya todo el año, el agua llega a nuestras casas cada tres días, cada semana o cada dos, tres semanas o una vez por mes, según el sector o población en la que vivamos. Nos quejamos y hay protestas por esa situación que va para ser peor.

Y en la crisis por falta de agua por una u otra razón todos somos responsables, autoridades y ciudadanos en general. Los primeros por no atender el problema o por corrupción, los segundos por no saber exigir la atención debida a la problemática o por desperdiciarla.

Mientras salga agua de la llave cada tres días o cada tres semanas nos conformamos y no tomamos en cuenta lo que verdaderamente significa y hay detrás de esa escasez.

Para empezar una buena cantidad de agua que puede servir en los hogares o para sembrar está contaminada. La industria la contamina y año tras año, trienio tras trienio y sexenio tras sexenio, no hay funcionarios que impongan la ley y paren el envenenamiento. De vez en cuando multan, pero eso suena más a “negocios” fallidos.

Los organismos dedicados a la distribución hacen de todo menos lo que deben hacer. Cobran lo que quieren, imponen tarifas, reparan fugas cuando se les antoja, no hacen las obras requeridas y no rinden cuentas.

No existen programas prácticos y ajustados a la realidad para que la población se involucre en el cuidado del líquido y, con apoyo y asesoría, haga lo necesario para almacenar y aprovechar agua de lluvia.

No hay tampoco acciones para realmente cuidar las fuentes generadoras del agua, como en nuestro caso sería el Cofre de Perote, en la zona conurbada Veracruz-Boca del Río-Alvarado el Pico de Orizaba y para la región de Coatzacoalcos la sierra de Soteapan.

El Cofre ya fue rapado en gran medida y el Pico pierde sus glaciares sin que nadie mueva un dedo, como tampoco nadie mueve a la gente para, con una estrategia práctica, sembrar árboles donde sea necesario.

Aquí en Xalapa las obras que se necesitan para solucionar, por un tiempo, la falta de agua, no se hacen. ¿Son muy caras?, claro que cuestan mucho. Ya se dijo que se estima necesaria una inversión de dos mil millones de pesos, aunque en estricto rigor no existe ni siquiera un plan vigente para obtener agua de una nueva fuente y traerla a la capital.

¿Esos dos mil millones de pesos son mucho? Sí, son mucho… y son poco dado que esa cantidad sería la obra más importante y de beneficio para cientos de miles de personas.

Se sabe que en Xalapa ya restringen la construcción de departamentos ¿pero qué sucede en Emiliano Zapata, en donde son desarrollados múltiples fraccionamientos que requieren una gran cantidad de agua que ya casi no hay? ¿Por qué se extienden permisos de construcción a sabiendas de que solo se agranda la problemática?

Tenemos ya un problema social que puede terminar muy mal y es muy poco lo que se hace para empezar a resolverlo.