“Regreso a Cold Mountain” / Luis Fernando Ruz Barros

“Regreso a Cold Mountain”

Luis Fernando Ruz Barros / El Oráculo de Delfos

“Nosotros no somos mitos del pasado, ni del presente, sino que somos pueblos activos. Mientras que haya un indio vivo en cualquier rincón de América y del mundo, hay un brillo de esperanza y un pensamiento original”.
Rigoberta Menchú

Personalmente no conozco a la Maestra Xóchitl Molina, de momento encuentro poca literatura de su actividad en el gremio de las artes y la cultura, más bien de lo disponible sobre su perfil habrá de destacarse su extenso recorrido por el tránsito de su actividad en responsabilidades para con los pueblos originarios. La alegoría del título del presente refiere primordialmente un anhelo de que las cosas salgan bien, de que con esta apuesta se incorpore una minoría olvidada, incluso maltratada en el pasado y se conjugue con un presente que demanda mucho más que el entendimiento sobre nuestra identidad. El reto para la maestra Xóchitl y el proyecto cultural en ciernes debe ser incluso con miras transexenales. Veracruz no aguanta ni soporta ya, más administraciones ajenas a la sensibilidad del artista, de acciones, programas divorciados del pensamiento creativo y de autoridades frívolas justificadas en tareas de reflector. La política cultural en nuestra entidad hoy requiere una profundidad mayúscula, una reconexión entre la base creativa, las autoridades encargadas de procurar la industria cultural y el beneficio por regiones que redundará invariablemente en mejores condiciones para la sociedad. Hace unas semanas en este mismo espacio conversamos sobre creatividad y cultura entendida como recursos que se pueden traducir en beneficios económicos muy valiosos y que pueden impulsar el desarrollo económico y social. Debemos hablar de esto sin tanto tapujo, comprender el concepto de “Economía Naranja o Creativa”. Decimos que hoy se puede hablar con mayor elocuencia de la comercialización de la cultura, ya que antes no se podía comprender esta materia sin su carácter de gratuidad, evidentemente en un concepto malentendido de que el acceso a las expresiones culturales son derechos humanamente adquiridos. En esta reflexión no pretendemos trastocar este concepto de que el acceso a la cultura es un derecho de tercera generación, que como han dicho los clásicos nutre y alimenta componentes de la propia condición humana. Lo que si debemos señalar es que el Estado Mexicano en su conjunto y aún más nuestra entidad ha tenido muy poca altura de miras con respecto a esta nueva inercia mundial de convertir a las artes y la cultura en verdaderas palancas de desarrollo. Con la llegada de una nueva administración la oportunidad está ahí. El rescate de la identidad en una entidad, según datos del INPI, con poco más de un millón de parlantes de lenguas originarias es una asignatura pendiente, pero ello no debe contraponerse con impulsar programas y proyectos que atiendan por ejemplo la expresión sublime de las bellas artes, que la calidad de las producciones no desmerezca y que la atención a la comunidad no solo se focalice en un sector. Ese será el verdadero desafío de esta gestión. Veracruz es Totonacapan y Sotavento, es Tuxtlas y Huastecas, es Altas Montañas y región Olmeca, y también es ópera, teatro, danza, letras y poesía, la Cultura pues, debe ser sustancia para entonces lograr ese añorado objetivo, la reconciliación con su origen.