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Trastornos alimentarios ponen en riesgo la vida

Redacción

 

Están asociados con trastornos mentales como depresión, ansiedad, trastorno límite de personalidad y obsesivo-compulsivo; atención oportuna permite el control total.

El atracón, la anorexia y la bulimia nervosa son los principales trastornos alimentarios en México y el mundo; representan un problema de salud debido a que afectan mental y físicamente a quienes los padecen.

El especialista de la Clínica de la Conducta Alimentaria del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente Muñiz” (INPRFM), Alejandro de Jesús Caballero Romo, señaló que los trastornos alimentarios pueden desarrollarse desde la adolescencia, independientemente del nivel educativo. Se estima que entre uno y dos por ciento de la población mexicana padece anorexia y bulimia nervosa, y de 2.5 a tres por ciento, trastorno por atracón.

En entrevista, precisó que el intento suicida, suicidio, depresión, ansiedad, desnutrición, esofagitis, reflujo, gastritis, alteraciones dentales, así como daño renal y cardiaco, son algunos problemas de salud que pueden presentarse en quienes sufren trastornos alimentarios.

La anorexia nervosa se caracteriza porque la persona percibe una imagen corporal distorsionada de sí misma y un miedo injustificado a subir de peso; para mantener el peso por debajo de lo normal deja de comer y se somete a ejercicio excesivo.

En la bulimia nervosa, las personas presentan episodios regulares de ingestión de una gran cantidad de alimentos y posteriormente aparece un sentimiento de culpa en el que, para evitar el aumento de peso, recurren a la práctica del vómito autoinducido y/o abuso de laxantes, diuréticos o enemas. Ocasionalmente, compensan con ejercicio excesivo o ayunos prolongados.

En el trastorno por atracón se consumen cantidades de comida inusualmente grandes en períodos de tiempo relativamente cortos, pero no recurre al vómito inducido; consisten en alimentos placenteros, principalmente de sabor dulce o con contenido graso, como frituras, galletas, chocolates y pasteles.

Detalló que generalmente los atracones son una vía para mitigar emociones adversas, es decir, tristeza, irritación, enojo o insatisfacción; por eso la persona come con desesperación, de forma impulsiva, compulsiva y repetitiva.

El atracón puede coexistir con obesidad o sobrepeso, pero no es sinónimo; aproximadamente la mitad de las personas que presentan atracón tienen peso normal y alrededor de 30 por ciento de pacientes que buscan tratamiento para obesidad pueden presentar características de este trastorno.

Los factores que detonan los trastornos de alimentación son múltiples; por ejemplo, la anorexia y bulimia nervosas inician por lo general en la transición de la niñez a la adolescencia, que es una etapa de vulnerabilidad con cambios en el desarrollo cerebral y mental, y no existen suficientes filtros psicológicos que permitan enfrentar las situaciones que se presentan.

Estos trastornos alcanzan su pico en cuanto al número de casos entre la segunda y tercera década de la vida y afectan más a las mujeres, con una proporción de 10 a uno.

El atracón se registra sobre todo entre la tercera y cuarta década de la vida, aunque hay casos en adolescentes. Es el más frecuente y afecta casi por igual a hombres y mujeres.

Aclaró que los pacientes con trastornos alimentarios también presentan algún problema psiquiátrico, principalmente depresión, distimia (depresión leve) o trastorno por ansiedad, que incluye ansiedad generalizada, ataques de pánico y/o fobia social.

El trastorno obsesivo compulsivo está muy asociado con anorexia y bulimia nervosas, con el trastorno fronterizo de personalidad mejor conocida como trastorno límite de personalidad, que dificulta a la persona adaptarse a cambios en el entorno.

Sobre las secuelas físicas, el especialista refirió que en la bulimia nervosa generalmente se presentan conductas compensatorias (vómito autoprovocado) después de los atracones, lo que puede ocasionar alteraciones dentales, como desgaste del esmalte y dolor ante el cambio de temperatura de los alimentos.

Puede haber reflujo, gastritis y esofagitis —de leve a crónica—; debido al abuso de laxantes padecen colon catártico y el uso excesivo de diuréticos ocasiona daño renal incipiente que puede magnificarse dependiendo de otros factores de salud.

Otras afectaciones ocurren en el nivel de los electrolitos en sangre, disminución de potasio que se manifiesta con calambres musculares, y repercusiones en el ritmo cardiaco.

La característica física de la anorexia nervosa es la desnutrición crónica con consecuencias que van desde alteraciones inmunológicas que las hace más vulnerables a enfermar por infecciones y tener complicaciones respiratorias o neurológicas mayores.

En las mujeres, la desnutrición crónica se acompaña de pérdida de menstruación (amenorrea) secundaria y crónica que daña la fortaleza de los huesos, lo que puede llevarlas a la osteopenia o incluso a osteoporosis a edades muy tempranas.

Desde el punto de vista psicosocial, la paciente con anorexia crónica sufre mucho por el aislamiento de los familiares y amigos; ello incrementa los síntomas de depresión o ansiedad, puntualizó.

El tratamiento es interdisciplinario en consulta externa; no obstante, cuando existe comorbilidad de trastornos —por ejemplo, depresivo grave o extremo con ideación o intento suicida y anorexia nervosa—, la persona es hospitalizada para recibir atención integral y, en muchos casos, prácticamente para salvarles la vida.

Como en todas las enfermedades, la atención oportuna amplía el éxito del tratamiento y, en este caso, se logra el control total de los trastornos, finalizó.