La decadencia priista / Hora cero

La decadencia priista

Luis Alberto Romero

Ni siquiera en el año 2000, y mucho menos en el 2006, el Partido Revolucionario Institucional había caído tan bajo en una contienda presidencial.

El proceso de 2024 significó para el tricolor no sólo un descalabro, sino la amenaza real de una pronta extinción.

Por si fuera poco, al margen de los precarios resultados en esas elecciones, el partido parece empeñado en cavar su propia tumba.

En el año 2000, primer antecedente de una derrota priista en una elección presidencial, con Francisco Labastida como abanderado el PRI se quedó lejos del triunfo, a pesar de lograr más de 13 millones de votos, 36 por ciento de los sufragios totales.

En 2006, segunda derrota priista de la historia, Roberto Madrazo se fue al tercer lugar, con poco más de 9 millones de votos, 22 por ciento.

Luego de la euforia por el triunfo de Enrique Peña Nieto en 2012 (más de 19 millones de sufragios), en 2018 el tricolor se vio reducido a su mínima expresión: José Antonio Meade cayó al tercer lugar; sólo consiguió 9 millones de votos, para un porcentaje de 16.4.

Es decir, entre una elección y otra, el partido perdió cerca de 10 millones de votos.

Para 2024, el PRI se vio obligado a coaligarse con sus anteriores adversarios, PAN y PRD; en solitario, el tricolor apenas consiguió 5 millones 400 mil sufragios, números redondos. Su votación se desplomó en casi 4 millones.

Entre 2012 y 2024, el partido perdió casi 14 millones de votos.

En ese marco, la Asamblea Nacional del PRI determinó, a puerta cerrada, prolongar el periodo de su dirigente, Alejandro Moreno; y permitir al comité nacional enajenar los bienes del partido, a pesar de las voces en contra, como las de Beatriz Paredes, Dulce María Sauri y Manlio Fabio Beltrones, entre muchos otros.

¿Qué podría esperarse del PRI a futuro? Prácticamente nada o muy poco; sin cuadros fuertes; desvinculado de la sociedad; con un altísimo nivel de rechazo; y con una dirigencia más preocupada por las prerrogativas y por el reparto de las pocas posiciones que le quedan (casi todas plurinominales), este partido parece condenado a la extinción en el mediano plazo.

Veracruz, por cierto, es fiel reflejo de esa realidad decadente; el comité estatal que encabeza Adolfo Ramírez Arana representa muy poca cosa en términos electorales.

Este domingo, la instancia estatal del partido emitió un comunicado en el que destaca la participación de la delegación veracruzana en la Asamblea Nacional.

En su boletín, la dirigencia priista se asume como una “oposición firme y clara”; sin embargo, es evidente que el partido representa cada vez menos en Veracruz, donde pasó de un millón 300 mil a menos de 380 mil votos. De ese nivel es la decadencia…

@luisromero85