El sur escribe historia: comunidades indígenas y afromexicanas, protagonistas del nuevo Veracruz
Felipe Sosa Mora
Zaragoza, una pequeña joya del sur veracruzano, fue el escenario de una jornada que quedará marcada en la historia política y social de México. El 6 de julio de 2025 no solo fue una fecha en el calendario: fue un parteaguas. La presidenta Claudia Sheinbaum, acompañada de la gobernadora Rocío Nahle, encabezó un acto profundamente simbólico: la entrega directa de presupuesto público a más de 2,500 comunidades indígenas y afromexicanas del estado.
1, 418 millones de pesos que, por primera vez, no pasarán por filtros burocráticos ni estructuras clientelares. Llegarán directamente a las manos de los pueblos que, por siglos, han sido invisibilizados. No es un gesto, es una reforma estructural. Una que reconoce a estas comunidades como sujetos de derecho público, con autonomía legal, con voz… y con poder de decisión.
Este modelo de financiamiento, enmarcado en el Fondo FAISPIAM, no solo es dinero: es dignidad traducida en infraestructura, en salud, en educación, en vivienda. Pero, sobre todo, es participación ciudadana desde la raíz.
Porque aquí no hay funcionarios decidiendo por la gente. Son las propias comunidades, en asamblea, quienes definen en qué y cómo usar sus recursos. Se crean comités locales, se asignan tesoreras mujeres —sí, mujeres, por regla— y se impone una lógica de transparencia comunitaria que ya quisiéramos ver replicada en otros niveles del gobierno.
Rocío Nahle, como gobernadora, ha demostrado que la democracia participativa no es un discurso, sino una estrategia de gobierno. Presupuestos participativos, consejos comunitarios, redes vecinales… Veracruz se perfila como un laboratorio vivo de corresponsabilidad ciudadana. Y en esa apuesta, las comunidades indígenas y afromexicanas ya no son espectadoras: son protagonistas.
Claudia Sheinbaum no solo recibió un bastón de mando. Recibió también la confianza de pueblos que por siglos han resistido en el abandono. Su mensaje fue claro: el respeto se construye con hechos, con presupuesto, con poder para decidir. Y este fondo no es pasajero. Está anclado constitucionalmente para quedarse, para crecer, para transformar.
Esta visita, más allá del protocolo, simboliza algo mayor: el inicio de una política de Estado que reconoce que la justicia también se escribe en pesos y centavos. Que los pueblos originarios no solo son cultura o historia, sino presente y futuro. Que la democracia no se limita al voto, sino que se fortalece cuando el pueblo gestiona su propio destino.
Zaragoza fue testigo de un cambio de época. Y Veracruz, estado de contrastes y resistencias, se coloca hoy como vanguardia de una nueva gobernanza: una que nace desde abajo, que se organiza en colectivo, que distribuye el poder, y que entiende que el verdadero desarrollo es aquel que respeta la identidad y construye autonomía.
Es momento de mirar hacia el sur. Ahí donde la historia hoy se está escribiendo, no desde el escritorio, sino desde la comunidad.


