Hora cero
Los retos del gobierno de Rocío Nahle
Luis Alberto Romero
A menos de un año de haber iniciado su gestión, Rocío Nahle ha dejado claro que su llegada al gobierno de Veracruz no fue fortuita ni improvisada. Desde el primer día, ha emprendido un proceso de transformación que enfrenta resistencias, críticas y las viejas inercias que por años frenaron el desarrollo del estado.
En apenas ocho meses, su administración ha establecido un contraste evidente con el pasado reciente. Ha eliminado prácticas que durante décadas generaron molestias y corrupción; por ejemplo, ha cesado a funcionarios ligados a actos deshonestos, especialmente en las áreas de seguridad y tránsito, y ha fortalecido la vigilancia en las carreteras.
Pero el alcance de su gobierno no se limita al ámbito de la seguridad. Nahle ha impulsado una agenda que incluye la reactivación del turismo, el reordenamiento del transporte público, la pavimentación de caminos abandonados —como la vía entre Tlapacoyan y Atzalan— y la expansión de los servicios de salud hacia comunidades históricamente marginadas. También ha puesto en marcha programas de apoyo al emprendimiento, con una clara intención de reactivar la economía desde lo local.
Este estilo de gobernar, con acciones directas y sin concesiones a los intereses tradicionales, ha incomodado a ciertos sectores. Los ataques y campañas de desprestigio no se han hecho esperar. Algunos actores políticos, más enfocados en desestabilizar que en construir, han optado por la crítica constante sin ofrecer propuestas. La gobernadora ha señalado estas posturas desde antes incluso del inicio de las campañas de 2024.
Uno de los grandes problemas de Veracruz y en general del país —la seguridad— ha sido atendido bajo una estrategia coordinada entre las autoridades estatales y federales. La mandataria ha sido clara: en su administración no hay pactos con nadie, excepto con el pueblo que la eligió. En un contexto complejo, ha apostado por la planeación estratégica y el trabajo constante como herramientas fundamentales.
Cada obra pública, cada programa, cada acción de gobierno responde a una necesidad real y sentida. Desde el norte hasta el sur del estado, desde la costa hasta la sierra, se están saldando deudas históricas, muchas de ellas olvidadas durante sexenios. Y aunque no faltan las voces que intentan minimizar los avances, amplificando errores e ignorando resultados, la transformación es visible en distintos puntos del territorio veracruzano.
Frente a los recientes episodios de violencia e inseguridad, puede parecer que la gobernadora está sola, que no cuenta con un equipo no le respalde. Sin embargo, esa percepción no se sostiene: la acompaña un grupo de mujeres y hombres que comparten su visión y que trabajan para consolidar este proyecto de gobierno.
A quienes critican desde la oposición sin asumir responsabilidad, conviene recordarles que gobernar implica enfrentar problemas y resolverlos. Este gobierno, con apenas ocho meses en funciones, arrastra un rezago profundo heredado por administraciones anteriores. Resolverlo no es tarea fácil ni inmediata.
Al final del día, a ningún veracruzano le conviene que a este gobierno le vaya mal. El éxito de la administración es también el éxito del estado.
@luisromero85


