Desde el Café
Por puro instinto de sobrevivencia
Bernardo Gutiérrez Parra
En tiempos del PRI hegemónico, era obligación de todo mexicano estar afiliado al partidazo. Cuando ibas a pedir trabajo a una talabartería (por poner un ejemplo), lo primero que te preguntaban era a qué partido político pertenecías. Si decías que eras del PRI tenías la chamba en automático. Si decías que no tenías partido, te daban chance de que te fueras a afiliar (al PRI, naturalmente). Pero si decías que eras apartidista y no pensabas cambiar, era que en el fondo no querías trabajar.
Todavía a principios de los 80 del siglo anterior, una de las clausulas del contrato que firmaba el trabajador estipulaba que debía estar afiliado al tricolor. Y una vez que te convertías en priista entrabas a un sindicato (de cerveceros, textileros, albañiles, billeteros, costureras, maquiladores, ferrocarrileros, maestros, electricistas, petroleros, voceadores y un kilométrico etcétera), donde todos pertenecían al PRI.
Además, casi todos los sindicatos estaban afiliados a la CTM (Confederación de Trabajadores de México) priista hasta las cachas. O en su defecto a la CROC (Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos), que favorecieron los triunfos electorales del PRI gracias al voto corporativo.
Con la desbandada de priistas en la administración de Miguel de la Madrid, nacieron los sindicatos independientes que como primera medida apoyaron la candidatura a la presidencia de Cuauhtémoc Cárdenas, sobre la del tricolor Carlos Salinas que ganó gracias a que “se cayó el sistema”.
A partir de entonces el voto corporativo comenzó su lenta pero inexorable caída.
En octubre del 2024 el secretario de Organización de Morena, Andy López Beltrán, dijo que el nuevo objetivo de su partido era afiliar a 10 millones de mexicanos.
Esa cantidad que se antojaba imposible, fue superada en estos días con la afiliación de 1 millón 250 mil maestros pertenecientes al SNTE, que se sumaron “voluntariamente” a las filas de Morena, según lo dio a conocer su dirigente nacional Alfonso Cepeda Salas.
Si esto es cierto, la cantidad es de suma importancia porque estamos hablando de la mitad de los 2 millones 500 mil docentes que tiene el SNTE y lo hacen el sindicato más grande de América Latina.
Andy anunció la semana anterior que su partido entregó al INE para su revisión y validación, un total de 11 millones 50 mil 758 afiliaciones entre las que se encuentran las del magisterio del SNTE.
En otros tiempos y con la mitad de esos afiliados, tendría un partido para ganar en cualquier terreno, pero no ahora que el voto corporativo y un cero a la izquierda son la misma cosa. Ya podrá tener Morena 20 millones de afiliados que en la soledad de una casilla, un militante de ese partido sufragará por quien se le pegue la gana. Exactamente como lo hicieron los priistas en el 2018.
Las afiliaciones a Morena, como en su tiempo lo fueron las afiliaciones al PRI, no son de ninguna manera voluntarias; son obligatorias porque llevan implícito el mensaje: “O estás con nosotros o atente a las consecuencias”.
Si en tiempos del PRI carecer de una credencial verde, blanca y roja te invalidaba para trabajar, estar desafiliado a Morena en estos tiempos que corren te puede costar la chamba.
Pero…
Así como ayer los maestros del SNTE fueron más priistas que el PRI y hoy son más morenos que Andrés Manuel, mañana serán más negros que la noche, más verdes que la mariguana o más amarillos que el paludismo, dependiendo el color del próximo partido en el poder.
“Y no lo haremos por chaqueteros o amor a esas camisetas -me dijo un maestro jubilado-, sino para bajarle la presión a las amenazas. Es decir, por puro instinto de sobrevivencia”.
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