El mantra, tapaos los unos a los otros / Martín Quitano Martínez

Entre Columnas

El mantra, tapaos los unos a los otros

Martín Quitano Martínez

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X: @mquim1962

Si quieres derrotar la corrupción debes estar listo para enviar a la cárcel a tus amigos y familiares.

Lee Kuan Yew

 

Nadie puede poner en duda que existen presiones del vecino del norte hacia el gobierno mexicano para resolver malestares claramente planteados desde la Casa Blanca. Queda claro que no solo son discursos de campaña del presidente estadounidense que, desde su enorme poder, golpea el tablero del mundo  mirando fijamente las reacciones suscitadas más allá del mar, desde su visión de dominio global, pero de inmediato observa a los habitantes de SU continente, con especial interés en su vecino del sur, el patio trasero, al que gusta de tomar como piñata de su palabra diaria.

Después de observar lo ocurrido con la entrega sin chistar del gobierno de Sheinbaum, de un grupo de importantes capos de la delincuencia organizada, así como las “capturas” del Mayo Zambada y del atleta canadiense venido a capo, la narrativa de soberanía que insiste en repetir cada mañanera aparece como una necedad o una simulación, pues frente a los hechos, la visión que enarbola se encuentra hecha pedazos.

Mientras en el show matutino, la jefa del gobierno mexicano se complace de las lisonjas del presidente estadounidense, afuera ocurren declaraciones y descalificaciones que deben helarle la sonrisa, pues además aparecen suficientes evidencias de la influencia y previsible presencia en campo, de las áreas de investigación estadounidenses en las acciones sucedidas en territorio mexicano.

Otro impacto de las presiones del norte es lo ocurrido al brillante notario tabasqueño, extraordinario empresario ganadero y consultor, hermano del gran caudillo de la 4T, claro ejemplo de la nueva clase política en el poder, de los políticos metidos en los negocios sobre los hombros de la cada vez más evidente y cínica corrupción, mismo que ha tenido que renunciar a la coordinación de la moreniza en el senado.

Tales presiones posiblemente podrían ser favorables a una presidenta obligadamente atada a personajes que, como el senador carnal, son piezas clave del sucio entramado que, si bien apoyó a su arribo y sostiene innegablemente a la presidenta, son incómodos en los momentos actuales y conviene ocultarlos bajo la alfombra, sin que por ello se rompa el armazón, el atado y bien atado grupo de la continuidad realizado por el caudillo.

La oportunidad de la presidenta supondría que con la renuncia del soldado de la 4T Adán, iniciara alguna coyuntura de reivindicación de ejercicios de poder para mover algunas comas en el proyecto trasformador cuatrotero. Es decir, que diera algunos cambios de mayor fondo, sería lo deseable dadas las condiciones nacionales de deterioro institucional y social, de los problemas que se acentúan con el reacomodo internacional. Sin embargo, viendo los malos humores presidenciales, pareciera que eso no será, porque lo que interesa, lo que pesa es el mantra dejado por el supremo e interiorizado por la llamada 4T, ese que se canta del “Tapaos los unos a los otros”, misión que es guía y faro para arribar a mejores aguas, porque las tormentas pasarán.

Las corruptelas e impunidades pueden y deben esperar. Nada debe cuestionar el ensamble del modelo autoritario que se forja día a día con el derrumbe de la República y la ruptura de normas y reglas democráticas. El camino autocrático no puede ser puesto en entredicho, para ello debe plantearse con dureza hacia adentro y subordinado hacia el exterior, entregando al asedio extranjero las prendas que se requieran, resguardando a los círculos rojos.

Refiere Trump a una presidenta acorralada y con miedo. El tiempo corto dará o no la razón a esa definición, pero por el momento hay que sortear las presiones, cambiar sin cambiar, sonreír, agradecer. Hacia afuera mostrar beneplácito y adentro dejar constancia de su mal humor, callando o señalando a correligionarios flojos, solapando a sus incondicionales, haciendo trizas el mantra fundacional del morenismo de “no robar, no mentir y no traicionar al pueblo”.

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