Otro caso de violencia política en Veracruz / Hora cero

Hora cero

Otro caso de violencia política en Veracruz

Luis Alberto Romero

La agresión armada contra el domicilio del presidente municipal de Banderilla, José Antonio San Gabriel Fernández, encendió una señal de alerta en Veracruz sobre un fenómeno que no ha logrado erradicarse, la violencia contra políticos.

En este caso no hubo personas lesionadas y los daños se limitaron a lo material; sin embargo, el mensaje que envía un ataque de esta naturaleza no puede minimizarse, dado que afecta de forma directa a un actor público, a una autoridad municipal.

Banderilla es un municipio pequeño, con una población cercana a los 26,000 habitantes, de acuerdo con el censo de 2020. El hecho de que un ataque armado vaya directo contra la autoridad local genera temor e incertidumbre.

Más allá de las motivaciones, que son investigadas por la autoridad en materia de procuración de justicia, el hecho confirma que ningún municipio está completamente exento de riesgos cuando se trata de la seguridad de sus autoridades locales.

El episodio de Banderilla se suma a una cadena de hechos graves registrados en Veracruz en los últimos años. El asesinato de Juan Carlos Mezhua Campos, exalcalde de Zongolica, en 2025; el homicidio del diputado federal y también exalcalde Benito Aguas Atlahua en diciembre de 2024; y el crimen contra Lázaro Francisco Luria, exedil de Chinameca, forman parte de un patrón que no distingue siglas partidistas ni trayectorias políticas; eran liderazgos locales, muchos de ellos con fuerte arraigo comunitario, que fueron víctimas de agresiones extremas.

La violencia política en Veracruz no es un fenómeno nuevo; tiene más de una década; y en muchas ocasiones se ha relacionado con disputas de poder local; conflictos comunitarios no resueltos; intereses económicos; e incluso presencia del crimen organizado.

También es importante subrayar que la exigencia de justicia ante estos hechos no debe interpretarse como un señalamiento automático de responsabilidades políticas.

Lo que llama la atención en el caso del ataque contra el alcalde de Banderilla es la cercanía de ese municipio con Xalapa; de hecho, Banderilla forma parte de la zona conurbada; es decir, el hecho no se registró en un punto distante o en algún municipio de las sierras apartadas de la capital veracruzana.

En regiones rurales y serranas, como Zongolica o Chinameca, la vulnerabilidad de los liderazgos locales es alta.

El caso de Banderilla, aunque distinto en gravedad, recuerda que la violencia política no siempre se manifiesta en homicidios; también se expresa en amenazas, intimidaciones y ataques que buscan generar miedo o enviar advertencias. Atender estas señales tempranas es importante para evitar escenarios más graves.

Veracruz enfrenta el reto de garantizar que la participación política no implique un riesgo para la vida o la integridad de quienes deciden servir desde el ámbito público; y es que la democracia, por obvias razones, se debilita cuando el miedo sustituye al debate y cuando la violencia intenta imponer silencios.

@luisromero85