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La Copa del Mundo del 2026: ¿Ventana al mundo o barranco organizativo?
Gustavo Filobello Niño
www.filomedios.com
9 de febrero del 2026
Después de la extraordinaria promoción y el impacto mediático global del Super Bowl LX
—acentuado por la polémica y muy latina actuación de Bad Bunny—, las miradas del
mundo giran ahora hacia los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina, en Italia. Ahí,
por cierto, participa una pequeña pero digna delegación mexicana, con el patinador artístico Donovan Carrillo como nuestra carta fuerte.
Al analizar ambos eventos, hay una constante: tanto Estados Unidos con el «Súper Tazón»,
como Italia con los Olímpicos, se volcaron en estrategias agresivas de promoción global
para mostrar sus ventajas competitivas. En una era donde cada país compite ferozmente
por el capital y el turismo, estas oportunidades son únicas… y hay que aprovecharlas.
Sin embargo, tras las Olimpiadas invernales, viene el evento que será el más visto en la
historia de la humanidad: el Mundial de Fútbol de la FIFA 2026, organizado por primera vez
en conjunto por Canadá, Estados Unidos y México.
De los tres anfitriones, el nuestro es el número uno en afición. Para nuestra economía, esto
debería ser una bendición. Tan solo en 2025, los eventos deportivos liderados por el fútbol
generaron más de 22 mil 700 millones de pesos. Pero este momento de alto impacto está
hoy al borde del barranco.
Los organizadores, y en especial el Gobierno, avanzan a paso de tortuga frente a la
velocidad que vimos en el Super Bowl o en Italia. Y es que, siendo un país tan futbolero, los datos de febrero de la agencia Polls México son alarmantes: 7 de cada 10 mexicanos tienen poco o nulo interés en la Copa del Mundo.
¿Las causas? El desinterés, la nula confianza en la Selección Mexicana, los precios
estratosféricos de los boletos y una promoción casi inexistente en el resto del país. A esto
se suma la pésima noticia de que el Estadio Azteca —hoy renombrado comercialmente
Banorte— no estará listo para su reinauguración entre Portugal y México. Esa es la
fotografía exacta de la desorganización.
Pregunte usted entre sus conocidos: ¿De verdad hay interés por el Mundial? ¿Saben qué
equipos jugarán aquí? Porque hay que decirlo: las selecciones de primer orden, como
Argentina o Brasil, se quedaron en Estados Unidos. A México, con excepción de España y
Colombia, vendrán selecciones como Cabo Verde, Uzbekistán o Arabia Saudita.
Aun así, el fútbol es el deporte con más seguidores en el planeta y México podría estar en la vitrina del mundo entero. El Gobierno ha anunciado acciones como 177 puntos de
celebración y las llamadas «Rutas Mundialistas» para conectar las sedes con nuestros Pueblos Mágicos y zonas arqueológicas. Pero, ¿a los ciudadanos «de a pie» qué nos toca
hacer?
Recordemos el Mundial de Alemania 2006. Ahí, el gobierno impartió cursos de historia,
hospitalidad e inglés básico en todo el país con meses de anticipación. Fue un éxito
nacional. Aquí, salvo en zonas exclusivas de la CDMX, Monterrey o Guadalajara, nadie está
aprovechando la «ola mundialista». No lo están haciendo las playas, ni los sitios históricos, ni los más de 2,500 municipios mexicanos.
Si de verdad queremos que México esté de moda, no hay mejor ventana que esta. Y si
Veracruz también quiere estar de moda, las autoridades deben despertar y atraer las
miradas y los dólares de los turistas que vendrán al país.
No importa que tengamos un estadio recién remodelado pero sin equipo profesional, o que
las ligas locales carezcan de apoyo y espacios dignos. No. Este es el momento único e
irrepetible para enseñar al mundo lo bueno que tenemos en Veracruz.
Como dicen en la política: «si te tocó un camello, hay que aprender a vender al camello».
¿O usted qué opina?


