Carpe Diem
Manolo Victorio
La historia sin fin
El abatimiento del narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, ocurrido el 2 de diciembre de 1993 en Medellín, quedó fijada en la memoria colectiva no solo por la fotografía policial sobre el tejado, sino por la reinterpretación monumental de Fernando Botero.
En los lienzos del pintor y escultor medellinense, Escobar Gaviria aparece primero huyendo entre disparos que lo persiguen como abejas de plomo; después, abatido, voluminoso incluso en la derrota, descamisado, desbraguetado, sobre los tejados donde intentó escabullirse de un destino escrito con antelación bíblica: quien a hierro mata, a hierro muere. Botero entendió algo esencial: el tamaño del cuerpo retratado era el tamaño del problema histórico para Colombia donde el narco, personificado por Escobar, se engrandeció tanto que eclipsó y exhibió la debilidad del estado colombiano.
México ha tenido sus propias estampas de este realismo mágico entreverado en la actividad narca. El 16 de diciembre de 2009, Arturo Beltrán Leyva fue abatido por la Secretaría de Marina en el condominio Altitude, en Cuernavaca. La exhibición posterior del cadáver —semidesnudo, con billetes ensangrentados, exhibido, ridiculizado por los marinos de la SEMAR— abrió un debate ético: ¿justicia o escarnio? ¿golpe estratégico o pedagogía del terror?
La narrativa reciente sitúa ahora en el centro a Nemesio Oseguera Cervantes, «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Según versiones difundidas este 22 de febrero, su captura y muerte habría sido encabezada por la Secretaría de la Defensa Nacional, con presunta cooperación de Estados Unidos. De confirmarse, estaríamos ante uno de los golpes más significativos contra el crimen organizado desde la detención de capos históricos desde el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.
La marcialidad quebrada, al borde del llanto, del general secretario de la SEDENA, Ricardo Trevilla Trejo, dejó en claro una premisa irrefutable: «Se demostró la fortaleza del Estado mexicano».
Con la voz entrecortada, el secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla Trejo, se refirió a los elementos de las fuerzas armadas que murieron en el cumplimiento del deber en el operativo contra «El Mencho», donde el Estado mexicano demostró que nadie puede doblarlo, por más poder de fuego y relaciones corruptas que acumule.
Pero la pregunta no es solo operativa, sino política: ¿desarticula esto la estructura o reacomoda el tablero? La experiencia indica que la caída de un líder no extingue la red; la fragmenta. Y la fragmentación suele traducirse en violencia regionalizada, como ha sucedido este domingo en una veintena de estados del país, donde las imágenes de un Costco en llamas y las acciones incendiarias de tráileres y vehículos quemados, paniquearon el fin de semana a la población civil, acicateada —hay que citarlo— por la desbocada propagación de imágenes de la infodemia nacida en las redes sociales.
La muerte de «El Mencho» presupone también una posible mitificación del capo michoacano, cuyos inicios se dieron en Estados Unidos. Hay, en esta muerte, un riesgo simbólico. La muerte de Osama Bin Laden en 2011 mostró cómo un Estado puede intentar clausurar el mito mediante el control del cuerpo. En México, la exposición pública o el manejo incierto de restos puede producir el efecto contrario: alimentar devociones marginales, como ocurrió con la figura de Jesús Malverde en el imaginario popular, convertido en el mártir protector de quienes se dedican a la siembra, trasiego y distribución de estupefacientes en el inmenso mercado estadounidense.
Si algo enseñó Miguel Ángel Félix Gallardo es que el narcotráfico prospera cuando encuentra engranajes políticos. La caída de un capo es un momento; la reforma institucional es el proceso interminable que permite la atomización de la actividad criminal. Cuando cae un capo rimbombante, la organización de hace añicos en un ritual de sangre y balas que engendra facciones rivales que al paso de los años se vuelven a cohesionar para formar otro cartel.
La historia sin fin de la cabeza de la hidra en el entramado criminal mexicano que hace referencia al monstruo mitológico al que le cortaban una cabeza y le salían más. Aquí, el narcotráfico, el trasiego de drogas, precursores químicos, hidrocarburos ordeñados, personas y demás ramificaciones del crimen, representan esa cabeza de la hidra: un recurso que, al intentarse controlar, genera múltiples conflictos y renovadas traiciones.
Nemesio Rubén Oseguera Cervantes se convertirá en el discurrir de las horas y los días en una narco leyenda retratada en corridos tumbados que alimentarán la narco cultura que subyace en las venas de este país. Será «El Mencho» una figura de devoción de una nueva generación de narcos
El día después definirá si estamos ante el principio de una desarticulación real o frente a otra escena monumental de un problema que, como en Botero, sigue siendo desproporcionado.
Y en el día después, cabe el análisis respecto a la conveniencia —aprovechada por las redes sociales en la virulencia del río revuelto— de ordenas la suspensión de clases, ordenada por el rector de la Universidad Veracruzana, Martín Aguilar Sánchez.
La Universidad, nido del conocimiento y las libertades individuales no puede ni debe apanicarse por el abatimiento de un narcotraficante.
El mensaje de la suspensión de clases presenciales denota un miedo cómodo de la burocracia que acantonarse en sus casas como si el Estado veracruzano no fuese capaz de lidiar con estas expresiones de la delincuencia organizada, manifestada con cierre de carreteras y quema esporádica de automotores.
Valiente rector tienen los universitarios.
… del mismo costal.
Respecto a lo sucedido el domingo, donde las redes sociales actuaron con loco frenesí, el periodista Martín Gómez
Claro que se puede pedir regulación. Más controles. Más sanciones.
Pero el problema es más profundo. Esto no nace en una oficina de gobierno. Nace en una cultura que premia el escándalo, que confunde viralidad con verdad y que convierte la tragedia en entretenimiento.
Tal vez la solución no esté solo en el Código Penal, sino en la mesa de la casa. En mamá y papá. En enseñar que no todo lo que llega al celular merece ser compartido. En entender que detrás del «like» hay personas que pueden entrar en pánico, cancelar salidas, cerrar negocios, sacar a sus hijos de la escuela.
La desinformación no es un juego.
Es una forma de violencia.
Y mientras no entendamos que compartir basura también nos hace responsables, seguiremos siendo rehenes no solo de los criminales reales… sino de los mercenarios del algoritmo.
Porque hoy el miedo ya no necesita balas.
Le basta con Wifi.
Por cierto, en esta conferencia de prensa la Mañanera del Pueblo de hoy lunes 23 de febrero, que encabezó la Presidenta de la República Claudia Sheinbaum, acompañada de su gabinete de Seguridad, como el Secretario de la SEDENA Ricardo Trevilla y el Secretario de Seguridad Omar García Harfuch, la audiencia fue de más de 210 mil usuarios de las redes que se conectaron para saber de primera mano el estado de la situación después del abatimiento del Mencho.(Fototeca)
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