El caso de Banderilla / Enrique Yasser Pompeyo

Mesa de Redacción

El caso de Banderilla

Enrique Yasser Pompeyo

Por años, en muchos municipios del país la transición entre administraciones se ha convertido en una especie de ritual incómodo: llega un nuevo gobierno, revisa las cuentas y descubre que las arcas están vacías.

En algunos casos es discurso político; en otros, una realidad que termina afectando directamente a la población.

Es el caso del municipio de Banderilla que gobierna el alcalde José Antonio Sangabriel, quien ha señalado que al recibir la administración encontró no solo la falta de recursos en las arcas, sino también en la Comisión de Agua Potable, además de una deuda millonaria con la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

El problema no es menor. Según lo dicho por el edil, existe un adeudo que originalmente era cercano a 12 millones de pesos, derivado de obras que no se cumplieron desde 2016, pero que con los intereses hoy asciende a casi 24 millones de pesos.

En términos prácticos, esto significa que el municipio podría enfrentar restricciones para acceder a apoyos federales en materia hídrica.

Y ahí es donde el problema administrativo se convierte en un problema ciudadano.

Banderilla enfrenta cada año la temporada de estiaje. La escasez de agua no es un fenómeno nuevo, pero sí uno que requiere planeación, inversión y coordinación con instancias federales.

Sin embargo, si un municipio arrastra deudas con Conagua o irregularidades en obras hidráulicas, las posibilidades de obtener respaldo institucional se reducen.

En otras palabras: los errores —o presuntas omisiones— de administraciones pasadas terminan repercutiendo en el acceso al agua de la población actual.

Sangabriel reconoce que apenas están comenzando a estructurar un plan para enfrentar la sequía y mejorar algunos pozos mediante estudios técnicos. Pero también admite algo que suele ser una constante en los gobiernos municipales: la falta de planeación.

En sus propias palabras, cuando algo no se planea bien, lo más probable es que termine en fracaso.

La reflexión va más allá de un señalamiento político. Los municipios siguen operando bajo ciclos de tres o cuatro años donde cada administración inicia prácticamente desde cero, muchas veces corrigiendo errores del pasado en lugar de construir políticas públicas de largo plazo.

El agua, sin embargo, no entiende de calendarios electorales.

Por eso, más allá de las auditorías en curso o de las posibles responsabilidades administrativas que puedan derivarse contra ex funcionarios, lo verdaderamente urgente es que Banderilla logre recuperar capacidad financiera y técnica para enfrentar el estiaje.

Porque cuando las arcas se vacían, siempre hay margen para recuperarlas con el tiempo. Pero cuando el agua falta, la crisis se siente todos los días en las casas de la gente.

enriquepompeyo@hotmail.com