Juan David Castilla
La señora Maurilia Cruz Contreras se manifestó este lunes 20 de abril en Plaza Sebastián Lerdo de Tejada, frente a Palacio de Gobierno, para exigir justicia a 14 años de la desaparición de su hijo Jorge Antonio Torres Cruz.
Con la fotografía de Jorge en alto, su madre denunció que, tras más de una década de búsqueda incansable, las investigaciones de la Fiscalía General del Estado (FGE) permanecen estancadas, sin indicios claros sobre su paradero ni avances significativos en la carpeta de investigación.
Jorge Antonio fue visto por última vez el 20 de abril de 2012 en la calle Herminio Cabañas de la colonia Rafael Lucio, en el norte de la capital, mientras operaba una unidad de taxi; aunque el vehículo fue localizado en su momento, el rastro del conductor se perdió de forma definitiva desde aquel día.
La señora Maurilia lamentó que el paso del tiempo no haya traído respuestas, sino un acumulado de citas postergadas e indiferencia institucional. Reveló que la última reunión programada con las autoridades ministeriales, prevista para el pasado 15 de marzo, fue ignorada por la Fiscalía, dejando a la familia en un estado de indefensión y desinformación.
Durante la protesta, la madre buscadora enfatizó que Jorge dejó atrás a una esposa y una hija que hoy, catorce años después, siguen esperando saber qué ocurrió con el hombre que en el momento de su desaparición tenía 36 años.
El rostro de Jorge, portando una camisa a cuadros blancos y azules, fue exhibido en lonas y playeras como un recordatorio permanente de la deuda histórica que el Estado mantiene con las familias de personas desaparecidas en Veracruz.
El testimonio de la señora Maurilia Cruz subraya la tragedia generacional que envuelve a las familias buscadoras en la entidad. Explicó que su esposo falleció con la esperanza de volver a ver a Jorge, partiendo «al otro mundo» sin recibir la respuesta que buscó durante años.
Ante este vacío, Maurilia reiteró su petición a las autoridades para que, independientemente de la condición en que se encuentre su hijo, le sea entregado para poder brindarle una despedida digna.
«Queremos que nuestros hijos lleguen a casa», expresó con firmeza, haciendo un llamado a que la Fiscalía deje de simular investigaciones y ofrezca resultados concretos que permitan cerrar el ciclo de incertidumbre que ha marcado su vida desde aquel abril de 2012.
Esta manifestación en el centro de Xalapa se suma a la larga lista de reclamos que los colectivos de búsqueda realizan en 2026, evidenciando que la problemática de la desaparición en Veracruz no es solo un asunto del presente, sino una herida abierta que requiere atención prioritaria.
La presencia de Maurilia en la Plaza Lerdo representa la resistencia frente al olvido oficial y la exigencia de que los casos antiguos no sean archivados.
Para la familia Torres Cruz, la búsqueda no terminará hasta conocer la verdad, manteniendo la esperanza de que la presión social y la visibilización del caso obliguen a las instituciones a cumplir con su responsabilidad de localizar a quienes faltan en los hogares veracruzanos.



