Maíz importado y hambre local: la desgracia nacional que Veracruz no puede ignorar / Dr. Rafael Vela Martínez

Maíz importado y hambre local: la desgracia nacional que Veracruz no puede ignorar

Dr. Rafael Vela Martínez

México, país de origen del maíz, vive una paradoja dolorosa: mientras el grano forma parte de nuestra identidad, de nuestra historia alimentaria y de nuestra cultura popular, el país se ha convertido en el principal importador mundial de maíz amarillo y blanco. En 2025, México rompió por tercer año consecutivo su récord de importaciones, al comprar del exterior 24 millones 590 mil toneladas de maíz, principalmente a Estados Unidos; además, el maíz blanco importado aumento de 200 mil a 900 mil toneladas, según datos difundidos por el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas.

 

La situación es todavía más grave si se observa la tendencia inmediata. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos proyectó para el ciclo comercial 2025/2026 importaciones mexicanas de maíz por 26 millones de toneladas, impulsadas por la demanda del sector pecuario y de alimentos balanceados. En ese mismo reporte se señala que el maíz amarillo representa aproximadamente 97% de las importaciones, que Estados Unidos abasteció más de 99% del total en el ciclo previo, y que las importaciones de maíz blanco llegaron a 799 mil 100 toneladas.

 

Esto no es un simple dato comercial. Es una desgracia nacional. Significa que México depende cada vez más del exterior para abastecer un grano básico. Reuters documentó que México compra cada año alrededor de 5 mil millones de dólares de maíz transgénico estadounidense, principalmente destinado a la alimentación animal. La tragedia no termina en la frontera. También toca directamente a Veracruz. En los 212 municipios de la entidad se produce maíz blanco y distintas variedades del grano; sin embargo, la productividad es baja, la tecnificación es limitada y la agricultura sigue atrapada, en amplias regiones, en una lógica de subsistencia. Veracruz tiene tierra, agua, productores, conocimiento campesino y potencial agroecológico, pero no ha logrado convertir esas ventajas en suficiencia alimentaria ni en prosperidad rural.

 

Justamente por ello, recientemente concluimos la investigación “Planeación Económica: la cuestión agrícola en Veracruz”, publicada por el Instituto Tecnológico Superior de Tantoyuca, en coautoría con la Dra. Josefa Carolina Fortuno Hernández, investigadora de la Universidad Veracruzana (UV), y el Dr. Ramiro Sánchez Uranga, del Tecnológico de Úrsulo Galván. La obra fue dictaminada a doble ciego, cuenta con ISBN y DOI, y se plantea como una aportación científica y técnica para entender la crisis agrícola veracruzana desde la planeación económica, la economía regional y el análisis territorial.

 

El libro aporta, primero, una revisión de la planeación económica como herramienta indispensable para dejar atrás la improvisación gubernamental. Segundo, recupera teorías de economía regional —localización, polos de crecimiento, desarrollo endógeno, economías difusas, economía del conocimiento y complejidad económica— para demostrar que el campo no puede seguir viéndose como un espacio aislado, sino como parte de sistemas urbano-rurales articulados. Tercero, presenta una radiografía de la estructura productiva agrícola de Veracruz, incluyendo cultivos alimentarios, no alimentarios e industriales, así como comercio internacional, demanda de alimentos en las Zonas Metropolitanas y suficiencia alimentaria regional.  Uno de sus aportes centrales es el análisis de especialización productiva por Regiones Metropolitanas (RM), con herramientas como el Índice de Moran y Coeficientes de Especialización aplicados al maíz, frijol, arroz, café, naranja, limón, caña, papa, sandía, piña, plátano, toronja y otros cultivos estratégicos. Esto permite identificar territorios con potencial real, no a partir de ocurrencias, sino de evidencia territorial y productiva.

 

Los hallazgos son contundentes: Veracruz cuenta con más de 2 millones de hectáreas con potencial agrícola, pero sólo se siembran alrededor de 1.5 millones; además, 59% de esa siembra se dedica a productos básicos alimentarios de baja productividad. El maíz se cultiva en los 212 municipios, pero no genera los volúmenes necesarios para satisfacer el consumo estatal, en buena medida por falta de tecnología, asistencia técnica y crédito productivo. Por eso, el desafío no puede reducirse a repartir apoyos dispersos o a repetir discursos sobre el campo. Veracruz necesita transitar de productores campesinos abandonados a empresarios agrícolas regionalmente organizados, con asistencia técnica, financiamiento, mecanización apropiada, semillas adecuadas, manejo de suelos, riego, almacenamiento, comercialización, agroindustria local y acceso a mercados.

 

A esta preocupación se suma otra investigación ya disponible para la ciudadanía (en www.enfoqueveracruz.org): la colección “Seguridad Alimentaria en Veracruz por AGEB”, integrada en tres tomos y orientada a identificar, dentro de las Zonas Metropolitanas de Veracruz, las áreas urbanas con mayor riesgo asociado a inseguridad alimentaria, pobreza, desnutrición y carencia de seguridad social. Esta investigación utilizó información levantada en campo, con soporte en las investigaciones publicadas: Nichos de Inversión Agropecuaria. Los resultados muestran una realidad que incomoda: incluso en las ZM donde circula más dinero, donde hay comercio, servicios, empleo y mayor concentración urbana, persisten áreas con alta inseguridad alimentaria. La pobreza alimentaria no solo está presente en comunidades rurales o indígenas; también se registra en las grandes ciudades: en sus colonias y periferias urbanas; este fenómeno está demostrado para los casos de Poza Rica, Xalapa, Veracruz, Boca del Río, Orizaba, Cordoba, Minatitlán y Coatzacoalcos.

 

Por ello, la respuesta debe ser territorial. No basta con producir más maíz; hay que producirlo mejor, conectarlo con mercados regionales, vincularlo con la industria de la masa y la tortilla, fortalecer cadenas pecuarias locales, crear centros de acopio, promover compras públicas municipales, impulsar cooperativas y acercar la ciencia al productor. Aquí la UV tiene una responsabilidad histórica: sacar la investigación de los cubículos y llevarla al surco, al ejido, a la parcela, a la organización de productores y a los gobiernos municipales. La UV puede y debe participar mediante investigación aplicada, transferencia tecnológica, extensionismo universitario, análisis de suelos, innovación agroecológica, plataformas digitales de información productiva, formación de técnicos regionales y acompañamiento a productores. Veracruz no necesita más diagnósticos guardados; necesita convertir el conocimiento en productividad, ingreso rural y seguridad alimentaria. Las investigaciones están concluidas, las propuestas están planteadas. Lo que falta es voluntad política para pasar del discurso a la acción.