El 26.2% de veracruzanos, en pobreza laboral

Juan David Castilla

El estado de Veracruz se ubica entre las entidades del país con mayores rezagos en materia de movilidad social e ingresos, al registrar que el 26.26 por ciento de su población cayó en condición de pobreza laboral entre el primer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, revelan datos del Semáforo de Movilidad Social elaborado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).

De acuerdo con el ranking nacional presentado por la institución, la entidad veracruzana ocupa la posición número 30 en este indicador, colocándose en el nivel de alerta naranja por un alto porcentaje de deterioro, superada únicamente por Tlaxcala con 27.09 por ciento y Chiapas con 31.48 por ciento.

Esta cifra implica que más de una cuarta parte de la población en la entidad que contaba con ingresos suficientes para su alimentación cayó en la carencia en el lapso de un año.

El reporte del Observatorio Social del CEEY advierte que residir en estados como Veracruz, Chiapas, Guerrero o Hidalgo representa un factor determinante que incrementa de forma directa el riesgo de permanecer atrapado en la pobreza.

A nivel nacional, el 66 por ciento de las personas que se encontraban en esta condición durante el primer trimestre de 2025 continuaron en la misma situación un año después, mientras que únicamente el 34 por ciento logró superarla.

Gonzalo Hernández Licona, director del Observatorio Social del CEEY, explicó que estas marcadas diferencias se deben a las características sociodemográficas de los hogares, el origen de las personas y las condiciones de precariedad del mercado laboral al que logran acceder.

La falta de empleo formal y la falta de acceso a la seguridad social se consolidan como los principales obstáculos para el desarrollo económico en la región.

El informe detalla que el 91 por ciento de las personas que se quedaron atrapadas en pobreza laboral se desempeñan dentro del sector informal, e incluso entre aquellos ciudadanos que lograron salir de dicha condición, el 78 por ciento lo hizo manteniéndose en la informalidad.

A esta problemática se suma la inequidad de género y la estructura familiar, pues en el 43 por ciento de los hogares que no pudieron salir de la pobreza la jefatura es femenina, sumado a que la mayoría depende del ingreso de una sola persona ocupada o carece de fuentes de empleo estables.

Asimismo, el estudio evidencia una profunda brecha salarial entre quienes logran superar esta barrera y quienes permanecen en ella. Los hogares que salieron de la pobreza laboral lograron incrementar su ingreso promedio mensual de 4,300 a 12,700 pesos debido a la incorporación de más integrantes al mercado de trabajo.

En contraste, las familias que continuaron en pobreza registraron un ingreso promedio mensual de apenas 2,600 pesos, cifra que no mostró variaciones significativas respecto al año anterior.

Ante este panorama, investigadoras e investigadores del CEEY urgieron a consolidar un mercado de trabajo más dinámico y formal que permita romper el ciclo del rezago social en el país.