Nahle enfrenta nueva ofensiva mediática

Nahle enfrenta nueva ofensiva mediática

Armando Villegas

En los últimos días, la gobernadora Rocío Nahle García volvió a ser objeto de una serie de señalamientos difundidos en medios de comunicación y redes sociales; más que presentar elementos nuevos, algunos de ellos recurren a una fórmula que ya se había utilizado durante la campaña por la gubernatura: involucrar a su familia, relacionarla con terceros y construir versiones a partir de supuestas fuentes cuya identidad o información no se hace pública.

No es un terreno desconocido para la mandataria; durante la campaña electoral, su esposo, su hija, su yerno y hasta su patrimonio fueron utilizados de manera recurrente como argumentos para cuestionar su candidatura. Ahora, con Nahle al frente del Gobierno de Veracruz, esa estrategia vuelve a aparecer bajo distintas formas.

El sábado 22 de agosto, El Norte publicó información relacionada con una revolvedora involucrada en un accidente mortal ocurrido en Monterrey; la nota señalaba que el vehículo pertenecía a una empresa de la que es socio un yerno de la gobernadora. Sin embargo, establecer esa relación empresarial no significa, por sí mismo, atribuir responsabilidad por el accidente ni permite trasladar automáticamente cualquier circunstancia a la titular del Ejecutivo estatal.

El mismo día, el columnista Salvador García Soto publicó en El Universal un texto titulado “Los duros contra Sheinbaum y Rocha en rebeldía”; en él sostuvo que Nahle habría fungido como enlace del expresidente Andrés Manuel López Obrador para transmitir instrucciones relacionadas con el regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa.

La gobernadora respondió directamente a través de sus redes sociales y calificó la publicación como una mentira; además, reiteró su respaldo a López Obrador.

Aquí aparece un asunto que va más allá de la disputa política; una cosa es publicar una interpretación o una hipótesis y otra muy distinta presentarla como un hecho confirmado. Las referencias a “fuentes de Palacio”, “fuentes allegadas” o simplemente “me dijeron” pueden formar parte del ejercicio periodístico, pero no deberían convertirse en el único sustento de afirmaciones que pueden afectar la percepción pública sobre una persona.

La discusión política puede ser intensa y la crítica al ejercicio del gobierno es necesaria; lo que merece mayor cuidado es la difusión de versiones sin elementos suficientes para que el ciudadano pueda distinguir entre un hecho comprobado, una información atribuida a fuentes y una interpretación del autor.

En medio de esa disputa, Veracruz mantiene una agenda que va mucho más allá de los rumores; hay inversiones, obras de infraestructura, proyectos de transporte, acciones para mejorar las finanzas públicas y una administración que busca mantener presencia en el territorio.

Nahle conoce desde hace años el costo político de tener a su familia bajo escrutinio; por ello, su respuesta ha sido defenderse y cuestionar las versiones que considera falsas. La confrontación continuará siendo parte de la vida pública, pero corresponde a medios, actores políticos y ciudadanos exigir que el debate se construya sobre hechos y no únicamente sobre insinuaciones.

Al final, la fuerza política de una gobernadora no debería medirse por la cantidad de ataques que recibe; debe evaluarse por los resultados de su administración, por sus decisiones y por la respuesta que ofrece a los veracruzanos. En esa disputa también se encuentra la defensa del proyecto de transformación que encabeza junto con la presidenta Claudia Sheinbaum.