Defensa del río Atoyac no se limita a su protección: egresada UV

Carlos Hugo Hermida / UV

“La defensa del río Atoyac no se limita a la protección de los ecosistemas, sino que implica salvaguardar los derechos humanos, la salud y el futuro de las comunidades que dependen de él”, declaró Mara Patricia Espinoza Hernández, egresada de la Maestría en Estudios Transdisciplinarios para la Sostenibilidad de la Universidad Veracruzana (UV).

En su proyecto recepcional del posgrado, la joven colaboró con integrantes de Defensores Ambientales Atoyac Veracruz, A. C., con el objetivo de recuperar sus testimonios, registrar sus experiencias y difundir la trayectoria de quienes llevan más de una década exigiendo el cumplimiento de las normas y la protección de su territorio.

El trabajo surgió de su acercamiento a Potrero Nuevo, localidad donde vio las consecuencias de la contaminación del río y los reclamos de la población contra las actividades industriales; en el 2025 decidió poner sus conocimientos al servicio de esta causa.

Mara Espinoza compartió que su investigación aborda la relación entre la memoria, la identidad y el territorio. Con su propuesta plantea que las personas, al igual que las plantas, necesitan un entorno saludable para arraigarse, desarrollarse y construir vínculos con la comunidad.

 

Vida comunitaria

En su acercamiento a Potrero Nuevo —localidad cercana al río—, la joven identificó la estrecha relación entre la industria cañera, la economía local y los problemas ambientales, pues la producción de caña forma parte de la identidad de varias generaciones de habitantes, cuyos medios de subsistencia han dependido históricamente de esta actividad.

Asimismo, comentó que la contaminación del río ha transformado las prácticas cotidianas de la población, ya que algunos testimonios evocan la presencia de langostinos endémicos que antes consumían, y dejaron de hacerlo por temor a enfermarse debido a la calidad del agua.

La egresada documentó los reclamos contra la alcoholera Zapopan, empresa instalada en 2012 en Atoyac, a la que los pobladores responsabilizan de problemas relacionados con la descarga de aguas residuales en canales de riego y fuentes del líquido vital de las que dependen las comunidades.

“Los habitantes no necesariamente buscan el cierre de la industria, sino que opere conforme a las disposiciones ambientales y deje de comprometer sus recursos hídricos”, puntualizó.

En el proceso conoció a miembros de dicha asociación civil, quienes han exigido controles a las acciones contaminantes en diversos puntos de la región, incluidos sitios ubicados aguas arriba de Potrero Nuevo.

“La problemática trasciende una sola localidad, porque el río recorre otros municipios y recibe los efectos de distintas actividades productivas”, enfatizó.

 

Memoria, herramienta de resistencia

Mara Espinoza compartió que uno de los objetivos centrales del proyecto consistió en evitar que las experiencias de los defensores ambientales permanezcan invisibilizadas; para eso, recurrió al concepto de los trabajos de la memoria, el cual permite entender el registro del pasado como una herramienta para intervenir en el presente.

La recopilación de testimonios busca reconocer los logros, dificultades y riesgos que enfrentan quienes protegen el río, además de facilitar que sus prácticas lleguen a escuelas y otros colectivos de la región.

La joven manifestó que estas historias deben difundirse mientras sus protagonistas continúan activos, en lugar de distinguirlos únicamente después de que ocurre una tragedia, ante lo cual planteó el uso de formatos accesibles, como documentos PDF o revistas independientes, que puedan circular entre comunidades y organizaciones.

Al desarrollar el trabajo de campo, uno de sus principales aprendizajes fue comprender que los defensores ambientales también protegen los derechos humanos, porque la salvaguarda del territorio está vinculada con las condiciones de vida de las personas.

 

La academia al servicio de las comunidades

La egresada encontró respaldo académico en el Centro Universitario de la Costa Sur (CUCSur) de la Universidad de Guadalajara, donde recibió herramientas para fortalecer su trabajo con los defensores ambientales.

Entre las habilidades adquiridas destacó el monitoreo de la calidad del agua mediante insectos acuáticos, técnica que permite evaluar las condiciones de los ecosistemas a partir de los organismos presentes y obtener información sobre los cambios ambientales a lo largo del tiempo.

Mara Espinoza compartió los conocimientos a través de un taller dirigido a integrantes de la asociación civil, con la intención de que puedan desarrollar capacidades propias para valorar el estado del río y contar con herramientas adicionales para documentarlo.

“El trabajo académico debe establecer un diálogo con las necesidades de las comunidades y traducir la información científica en alternativas útiles para enfrentar problemas concretos”, dijo.

La investigadora agradeció el apoyo de los catedráticos Maritza Rivera Landa, Rosario Pineda, Luis Manuel Martínez y Francia Rodríguez, así como de Manuel Canalizo, presidente de Defensores Ambientales Atoyac Veracruz.

Igualmente, instó a la sociedad a involucrarse en la protección ecológica y a no considerar a la naturaleza como un elemento separado de la vida humana.

“No debemos dejar solos a quienes velan por nuestro futuro; el agua, la salud y las condiciones de vida dependen de la conservación de los ecosistemas”, concluyó.