La nostalgia de Aguilar Camín / Marco Aurelio Martínez

La nostalgia de Aguilar Camín

Marco Aurelio Martínez

Siendo alumno de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana, conocí la obra de Héctor Águilar Camín, quien en coordinación con Lorenzo Meyer publicaron “A la sombra de la revolución”, un libro muy interesante con la perspectiva del pensamiento revolucionario, sus logros y alcances históricos y su impacto en el México del siglo XX. Más adelante leí “Morir en el Golfo”, una novela que también fue película y que retrató de manera magistral el auge petrolero en el golfo mexicano, las tensiones políticas del líder Lázaro Pizarro, las intrigas, lealtades, traiciones, es decir, la naturaleza humana en su esplendor. En 2017 se publicó la autobiografía, “Adiós a los padres”, en donde narra desde la intimidad, las memorias familiares, su infancia en Chetumal, Quintana Roo, los encuentros y desencuentros de sus consanguíneos, su posterior emigración a la capital del país, y el fuerte suceso del reencuentro con su padre después de 36 años sin verlo. Es una narrativa envolvente, una trama hilvanada con maestría, de aquellas que una vez que empiezas no quieres que concluya.

No sé si alguien dude de los talentos literarios de Aguilar Camín, de su pluma prolífica y de los oficios de buen escritor que reúne. No obstante su postura política es muy clara y evidente. Ha sido un escritor acomodado, conservador, por lo regular financiado por los gobiernos priistas y panistas en turno, así nació y se fortaleció la revista Nexos y la editorial Cal y Arena, ambas casi de su propiedad. Podemos concluir que ha sido un intelectual orgánico, de derecha, asesor de Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, de Xóchitl Gálvez, y que ahora está en el olvido por los gobiernos de la transformación.

Recientemente Aguilar Camín ofreció una entrevista en donde se retrata de cuerpo entero, realiza una crítica ácida a la gobernanza actual, sostiene que la política cultural hoy en día está en crisis, abandonada, en donde ya no existe el apapacho gubernamental para lxs intelectuales, enfatiza, que ya no lxs escuchan, ya no tienen eco sus voces como ocurría en el pasado. Ese apapacho gubernamental no es otra cosa que las carretadas de dinero que intelectuales de su condición recibieron durante los gobiernos que antecedieron a los de Morena, por lo regular, fueron para aplaudir y hablar maravillas del viejo régimen. Así funcionó durante muchos años la relación entre política e intelectuales, entre el poder y lxs analistas del gobierno. Debido a la compra de su silencio fueron cómplices de episodios vergonzosos, encubrieron pasajes oscuros de nuestra historia reciente, callaron ante acontecimientos inadmisibles. Hoy en día leemos a algunxs “Aguilar Camín” en medios electrónicos y redes sociales.

Estxs tecleadorxs desmemoriadxs fueron priistas-panistas, y enmudecieron cuando, aquí en Veracruz, se desaparecieron casi ocho mil millones de pesos del IPE, cuando saquearon las arcas de la SEV, en donde despilfarraron dinero y emplearon recursos públicos para financiar campañas electorales; de las famosas valijas de dinero que salían de SEFIPLAN hacia paraísos fiscales, omitieron la corrupcion galopante y la inseguridad creciente.

Pero hoy en día son adalides de la libertad de expresión, de la crítica mordaz, ya se les olvidó de donde vienen y quienes son. Se creen paladinxs de las buenas costumbres, de lo políticamente correcto, hoy todo está “patas arriba”, así lo expresan con melancolía. Añoran el pasado de prebendas, concesiones y cochupos. Como Aguilar Camín, lamentan nostálgicos los tiempos pretéritos, señalan, apuntan con dedo flamígero y disparan. Le apuestan al olvido social; es necesario refrescar la memoria de aquellxs que hoy se sienten impolutxs.

Con las dificultades propias de su compleja naturaleza pero el país avanza de manera significativa, lxs casi 14 millones de mexicanxs que han salido de la pobreza no son un dato estadístico, hueco, es un factor contundente, actualmente México es referente mundial en la lucha en contra de la miseria, de un gobierno humanista que emana del pueblo, que favorece principalmente a lxs que menos tienen.

Todos los días, desde los distintos niveles de gobierno, se combate la corrupcion, la impunidad, las prácticas desleales. Este es el sello de la transformación. Y quien la deba, que la pague.