Desde el corazón de Veracruz
Felipe Sosa Mora
Mientras algunos se empeñan en sembrar sospechas con calumnias recicladas, en Veracruz se cosechan resultados. La gobernadora Rocío Nahle García, firme, valiente y sin titubeos, ha dejado claro que no hay tiempo que perder en guerras sucias, cuando lo que está en juego es lo más importante: el bienestar de la gente.
Porque mientras en redes sociales circulan mentiras sobre supuestas propiedades en el extranjero —sin una sola prueba, sin una cuenta real, sin un solo papel—, en las calles de Papantla, en las veredas del Totonacapan y en las comunidades afromexicanas del sur, lo que se entrega no son inventos, sino tarjetas FAISPIAM, camionetas de salud y, sobre todo, esperanza viva.
Acompañada por la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel Reyes, Rocío Nahle estuvo hace unos días en Papantla, donde entregaron 178 tarjetas FAISPIAM. Pero lo verdaderamente valioso no es la cifra. Lo que importa es el símbolo: ese plástico significa dignidad, autonomía, decisión. Significa que ahora es la comunidad quien decide cómo usar el recurso, qué calle arreglar, qué agua entubar, qué futuro construir. Ya no es el gobierno el que impone: es la gente la que manda.
Y esto apenas comienza. Se anunció que más de 2,600 comunidades indígenas y afromexicanas recibirán recursos directos. Sí, directos, como nunca antes en la historia: sin intermediarios, sin gestiones oscuras, sin favores políticos. Esto no es un programa más: es justicia, es reparación, es un acto de dignidad. Y es, también, una apuesta firme por el presente. Porque lo que hoy construye Veracruz, lo está mirando todo México.
Ahí está la prueba más clara: las Camionetitas de la Salud, una idea que nació en suelo veracruzano para llegar hasta el último rincón donde no hay clínicas, no hay doctores, donde por años lo único que llegaba era el olvido. Hoy, esa idea que brotó desde el corazón de este estado ha sido reconocida y respaldada por la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, quien la convertirá en un programa nacional. Lo dijo sin rodeos en su mañanera: Veracruz ha marcado la ruta. Y no es casualidad.
Lo que ocurre entre Nahle y Sheinbaum no es solo coincidencia política. Es una alianza estratégica de dos mujeres valientes, mujeres de izquierda, que saben lo que es tocar puertas, escuchar de verdad y gobernar de la mano de la gente. Una alianza que entiende que gobernar es servir, no servirse.
Por eso no sorprende que, mientras arrecian los ataques mediáticos, las acciones concretas hablen más fuerte que cualquier guerra sucia. Porque no hay cuenta en Suiza que desmienta una consulta médica gratuita en una camionetita; no hay propiedad en el extranjero (inexistente, por cierto) que pese más que el derecho de una mujer indígena a decidir cómo se invertirá el dinero de su comunidad.
Veracruz, una vez más, está marcando el rumbo. Y eso, aunque a algunos les incomode, ya es irreversible.


