Negar, nieguen, neguemos / Martín Quitano Martínez

Entre Columnas

Negar, nieguen, neguemos

Martín Quitano Martínez

No soporto verlos de espaldas a la verdad, sordos y ciegos a cualquier cosa mínimamente real.

Libba Bray

Niego, nieguen, neguemos. La negación como el centro del argumento oficial, verbo que se convierte en cuerpo justificatorio de la incompetencia, de las corruptelas, del derrumbe de las supuestas estaturas morales que se desmoronan ante los hechos, hechos incontrovertibles que desnudan a una mayoría de integrantes del proyecto de una supuesta cuarta transformación que consiste en la ruptura institucional y democrática de la República.

Negar lo que se observa en las imágenes del ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en las que dos de sus colaboradores le limpian los zapatos. Negar es una dimensión de la mentira mayúscula ante una realidad evidente, que solo puede originarse en su notoria prepotencia y que no puede esconderse tras un cínico mensaje del ministro del pueblo, el de la corte de los acordeones que, entre mentiras y negaciones para ocultar su falta, manifiesta sus complejos e hipocresías que brotan sin contención.

Otra negación colectiva surge con la detención del presidente municipal de Tequila, Jalisco, por parte de voceros oficialistas, buscando reducir la dimensión y profundidad de la vinculación del personaje con las élites gobernantes; lo que representa en sus orígenes de colusión entre Morena y grupos delincuenciales. El recurso ocupado es aplaudir la detención como acto representativo de las acciones donde no hay intocables, ocultando o tratando de ocultar, no solo el proceso de arribo al puesto del personaje detenido, sino puntualmente enmarañar el tamaño que la vox populi otorga al hecho, del encubrimiento para actores, hombres y mujeres del sistema oficialista de mucho mayor nivel que se especula comparten intereses como los que se supone generaron la detención del alcalde.

Dos casos como botones de muestra de la negación de la realidad, de la sustancia pegamento que impone la narrativa que enfrente una realidad que, obcecada, les planta cara día a día. Las justificaciones ante la ignorancia, la incompetencia, la simulación y las corruptelas, de la prepotencia y banalización de sus quehaceres privados, públicos y políticos ya no alcanzan a cubrirse. El pasado, del cual también ya forman parte con 7 años de ejercicio, los muestran en su justa medida. Suficientes muestras existen documentadas de estar cumpliendo sus aspiraciones de gozar el poder y los privilegios que tanto infamaron y siguen haciendo como un estribillo hipócrita del cual hacen uso retórico, porque ahora que detentan la amplia magnitud del poder, son dueños plenos y ávidos regenteadores de las mieles del cargo y de pertenecer a la pandilla.

Negar y mentir siempre, se convierte en el escondrijo de la cerrazón interesada de las élites, de sectores que prefieren ubicarse como fanáticos o que por conveniencia prefieren mirar a otro lado y acompañar la impudicia, haciendo vigentes las ideas de Hannah Arendt sobre esa banalidad del mal de aquellos que incapaces de pensar, de criticar, apoyan conformes la instalación y vigencia de procesos que al final cuestan demasiado.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Las mal hechas, opacas y carísimas obras que no terminó Cuitláhuac, siguen siendo un barril sin fondo para Veracruz. Vaya con el honesto ex gobernador.

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