Juan David Castilla
Mientras la mayoría de la ciudad aún duerme, Yadira Isela Oliva Rodríguez, de 52 años, ya ha comenzado su jornada. A las 5:00 de la mañana, el frío de Xalapa no es impedimento para que ella y su compañera Laura inicien las labores en la Central de Abastos, un entorno tradicionalmente dominado por hombres, pero donde ellas han encontrado un espacio de subsistencia y autonomía.
Desde hace dos años y medio, Yadira se dedica al comercio y acarreo de mercancía. Su labor no es sencilla, pues implica armar pedidos, buscar productos faltantes y acarrear pesados «diablos» hasta los vehículos de los clientes.
“Es cansado, pero hay que llevar dinero a la casa. Hay que aguantar el desvelo, el frío y el calor», comenta con una mezcla de resignación y orgullo.
Para Yadira, el esfuerzo físico tiene un nombre: Ingrid. Su hija menor, de 17 años, es la razón principal de sus largas jornadas que se extienden, a veces, hasta las 8:00 de la noche. Como madre soltera y jefa de familia, Yadira asume sola los gastos de educación, salud y vestido de su hija.
A sus 52 años, Yadira señala que la Central de Abastos le ha dado una oportunidad que el mercado laboral formal le niega.
“A mi edad no dan trabajo en cualquier lado», explica, destacando que la flexibilidad de este empleo le permite atender asuntos personales, médicos o escolares que en una empresa rígida serían imposibles de gestionar.
En su puesto, la dinámica es de sororidad y equipo. Junto a su compañera Laura, se reparten las tareas de despacho, acomodo y entrega. No hay una rutina fija, el ritmo lo marca el cliente y la llegada de la mercancía.
Yadira Oliva es el reflejo de miles de mujeres xalapeñas que, con el «diablo» en mano y la mirada puesta en el futuro de sus hijos, sostienen la economía local desde el corazón de los mercados.


