Chile seco representa un sistema biocultural: UV

  • Alba Victoria Martínez abordó el tema en su investigación de la Maestría en Ecología Tropical de la Universidad Veracruzana 
  • Su interés derivó de la falta de documentación científica sobre su manejo y producción 
  • Los resultados pueden servir como base para políticas públicas y proyectos comunitarios orientados a la conservación biocultural 

Redacción Hora Cero

El chile seco que se produce en el municipio de Tantoyuca, Veracruz, es más que un ingrediente de la cocina regional: representa un sistema biocultural donde convergen diversidad agrícola, memoria colectiva e identidad territorial, afirmó Alba Victoria Martínez Ramírez, egresada de la Maestría en Ecología Tropical, impartida por el Centro de Investigaciones Tropicales (Citro) de la Universidad Veracruzana (UV). 

En su tesis titulada “Diagnóstico biocultural relacionado al manejo y producción del ‘chile seco’ (Capsicum annuum var. annuum L) en el municipio de Tantoyuca, Veracruz”, la investigadora documentó la diversidad agro-morfológica de esta especie de chile, así como los saberes, usos, significados y transformaciones vinculadas con su cultivo en comunidades de la región. 

Martínez Ramírez explicó que su interés por el tema surgió al reconocer una contradicción: aunque el chile seco forma parte de la vida cotidiana y es culturalmente central, existe escasa documentación científica sobre su manejo y producción. 

“Esta tensión entre presencia social y ausencia académica fue lo que me motivó a investigarlo desde una perspectiva integral”, señaló. 

 

En su tesis documentó la diversidad agro-morfológica, así como los saberes, usos, significados

 

Desde un enfoque biocultural –que integra aspectos biológicos y sociales– la egresada analizó cómo la diversidad morfológica del fruto está estrechamente relacionada con prácticas de selección campesina y con la transmisión intergeneracional del conocimiento. 

“El chile seco no puede entenderse únicamente como una planta ni como un símbolo cultural; su permanencia depende tanto de procesos ecológicos como de transmisión cultural”, destacó. 

El estudio evidenció que, en términos económicos, el producto mantiene presencia constante en mercados regionales y funciona como bien de intercambio local durante todo el año. Culturalmente, es un ingrediente fundamental en la cocina cotidiana y en celebraciones comunitarias, además de constituir un marcador identitario para la población de Tantoyuca. 

Entre las prácticas tradicionales identificadas se encuentran la selección manual de semillas, elaboración de almácigos, rotación de cultivos y secado tradicional al sol, técnicas que reflejan conocimiento ecológico acumulado por generaciones. 

La diversidad observada es resultado directo de decisiones campesinas relacionadas con la selección de frutos, adaptación a condiciones climáticas y manejo sin homogeneización industrial, subrayó. 

El trabajo de campo se desarrolló en dos comunidades e incluyó entrevistas abiertas, semiestructuradas y estructuradas; talleres participativos; observación directa del sistema agrícola; caracterización agro-morfológica y análisis estadístico mediante Componentes Principales (PCA) para evaluar la variabilidad del fruto. Agregó que el acercamiento con productores y productoras fue gradual, se basó en la confianza y el reconocimiento de su papel como portadores del conocimiento. 

Alba Victoria Martínez dijo que entre los principales hallazgos destacan la alta diversidad morfológica intraespecífica, el fuerte valor cultural y afectivo del chile seco y su presencia cotidiana en la dieta, así como una tensión entre continuidad cultural y transformación agrícola. 

La egresada también identificó cambios recientes en el manejo del cultivo: reducción en la siembra directa, mayor compra en mercados, incremento en los precios, migración, menor transmisión intergeneracional de saberes e impactos asociados al cambio climático. 

A partir de estos resultados, consideró que el diagnóstico puede contribuir al fortalecimiento de la producción local mediante la sistematización de información que respalde iniciativas de valorización, rescate de semillas criollas y reconocimiento del chile seco como patrimonio biocultural. 

Asimismo, puede servir como base para políticas públicas y proyectos comunitarios orientados a la conservación biocultural, la protección de la biodiversidad y el impulso a una producción sostenible articulada con la identidad territorial. 

En el plano personal y profesional, Martínez Ramírez destacó que el proceso le permitió confirmar que el conocimiento académico y el comunitario no son opuestos, sino complementarios. “Investigar desde el territorio implica una responsabilidad ética”, expresó. 

Finalmente, invitó a estudiantes interesados en enfoques bioculturales a integrar disciplinas sin temor, escuchar a las comunidades y reconocer que la ciencia también se construye desde contextos situados. 

“El chile seco no es solo un cultivo, es memoria, territorio y diversidad viva; defenderlo implica reconocer el valor de las comunidades que lo han sostenido por generaciones”, concluyó.