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El costo de la soberanía: Pemex entre la producción y las afectaciones
Gustavo Filobello Niño
www.filomedios.com
23 de marzo del 2026
La región más productiva para la extracción y procesamiento de petróleo en México se
ubica en el Golfo de México, específicamente en el Complejo Cantarell. Esta zona abarca
las costas de Campeche y Tabasco y, en menor medida, Veracruz.
Durante el gobierno de José López Portillo, se destinaron masivas inversiones públicas a la
exploración y procesamiento de hidrocarburos. Eran los tiempos de «administrar la
abundancia». Sin embargo, los excesos y la improvisación provocaron uno de los mayores
daños ecológicos en la región: la explosión del pozo Ixtoc-I. El pozo ardió y derramó crudo
durante casi diez meses antes de ser controlado; hoy es recordado como uno de los
desastres petroleros más graves de la historia.
Tras ese sexenio, Petróleos Mexicanos (Pemex) perdió el protagonismo que le otorgó López
Portillo. Las inversiones disminuyeron e incluso, en el gobierno de Enrique Peña Nieto, se
impulsó una Reforma Energética que abrió la puerta a la participación de capital privado en
la empresa paraestatal.
Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia, la política energética giró
nuevamente hacia el fortalecimiento de Pemex, revirtiendo ejes centrales de la reforma
anterior. Este cambio de rumbo incluyó la construcción de la refinería de Dos Bocas, en
Tabasco, la adquisición de la planta de Deer Park en Texas y la reconfiguración del sistema
nacional de refinación.
No obstante, más allá de la postura política que se tenga sobre estas decisiones, los riesgos
operativos y ambientales en la industria han escalado.
En los últimos días, una serie de eventos han colocado a Pemex bajo el escrutinio público:
primero, una gran fuga de crudo vinculada a una embarcación privada; segundo, el manejo
de residuos en Dos Bocas donde, tras intensas lluvias, se registró un incendio con saldo de
cinco víctimas fatales. Finalmente, un derrame en Tabasco cuya magnitud, impulsada por
las corrientes marinas, ha llevado manchas de chapopote viscoso desde las costas del
centro hasta el norte de Veracruz.
Estas afectaciones a los ecosistemas son de tal magnitud que ya han sido denunciadas por
organizaciones como Greenpeace México. Ante la gravedad, la presidenta Claudia
Sheinbaum envió al director de Pemex a la zona afectada y anunció que la Fiscalía General
de la República (FGR) investigará los hechos para deslindar responsabilidades penales.
Las preguntas son inevitables:
¿Cuál es el límite del riesgo aceptable en nombre del desarrollo y la extracción petrolera?
¿Por qué no se reportan incidentes de esta frecuencia en otras potencias petroleras, como
las árabes o los estadounidenses?
¿Es el desastre ambiental un precio inevitable para rescatar a Pemex?
¿O estamos ante casos de incapacidad, negligencia o corrupción?
¿Usted qué opina?



