Somos, la batalla por hacerse visible / Enrique Yasser Pompeyo

Mesa de Redacción

Somos, la batalla por hacerse visible

Enrique Yasser Pompeyo

El nuevo partido político Somos enfrenta una paradoja que puede terminar siendo determinante para su futuro: busca consolidarse como una opción electoral emergente, pero todavía no tiene completamente definida la identidad con la que pretende presentarse ante los ciudadanos.

Se ha generado un escenario de tensión con el Instituto Nacional Electoral (INE) por las restricciones impuestas al nombre y al emblema que utilizará el partido.

Para sus dirigentes y representantes se trata de obstáculos que dificultan su consolidación; para la autoridad electoral, presumiblemente, de reglas que deben cumplirse para evitar confusiones y garantizar condiciones de competencia entre los partidos.

Para un partido nuevo, la identidad gráfica no es un asunto menor. El color, el nombre y el emblema son parte de la memoria electoral del ciudadano.

Cuando una organización está intentando construir reconocimiento, cambiar su imagen a poco tiempo del inicio de un proceso electoral puede representar un costo político importante.

Somos se encuentra justamente en esa etapa de construcción. Por eso su inconformidad con el INE no debe leerse únicamente como una disputa administrativa. También puede convertirse en parte de su narrativa política.

El discurso de “nos están poniendo obstáculos” puede ser utilizado por una fuerza emergente para presentarse como víctima de un sistema que, desde su perspectiva, favorece a quienes ya están consolidados.

La comparación que se con partidos como el Verde, Morena o Encuentro Solidario busca precisamente colocar el debate en ese terreno: ¿las reglas son iguales para todos o existen criterios distintos dependiendo de quién las enfrenta?

Convertir al INE en adversario puede generar simpatía entre determinados sectores, pero no necesariamente se traduce en votos.

Un partido nuevo necesita algo más que denunciar obstáculos: necesita explicar con claridad qué representa, qué propone y por qué el ciudadano debería otorgarle su confianza.

En ese sentido, resulta llamativo que Somos presuma una preferencia electoral de 7.9 por ciento.

Si la cifra mencionada es consistente con una medición metodológicamente sólida, se estaría ante un dato políticamente relevante: significaría que la organización está consiguiendo reconocimiento con una estrategia basada fundamentalmente en redes sociales y trabajo territorial.

Pero precisamente por eso la cifra debe analizarse con cautela. Una encuesta no es una elección, y el verdadero desafío de un partido emergente consiste en transformar conocimiento, simpatía o identificación coyuntural en estructuras electorales capaces de movilizar ciudadanos el día de la votación.

Ahí estará probablemente la prueba de fuego de Somos. Su discurso también intenta construir una identidad alrededor de la defensa de las instituciones.

En Somos señalan que se ha respaldado al INE, a la Suprema Corte y a los tribunales. Es una apuesta interesante porque coloca al partido en un terreno político específico: el de quienes buscan presentarse como defensores de las instituciones frente a los cambios y disputas que han marcado la vida pública del país.

Hoy, el partido reclama al INE por decisiones que considera injustas y, al mismo tiempo, reivindica a las instituciones como parte de su identidad política.

La manera en que maneje esa contradicción será reveladora. Si consigue cuestionar las decisiones de la autoridad sin descalificar a la institución, puede proyectar una imagen de partido crítico pero institucional.

Si, por el contrario, el conflicto termina dominando su discurso, corre el riesgo de que su identidad quede reducida a una sola causa: pelearse con el árbitro electoral.

El episodio del emblema, entonces, puede terminar siendo mucho más importante de lo que parece.

No sólo definirá qué verá el ciudadano en la boleta; también pondrá a prueba la capacidad de Somos para reaccionar ante una adversidad, comunicar sus decisiones y mantener cohesionada a su militancia.

Si el nuevo diseño es aprobado, el partido tendrá que acelerar la construcción de una identidad que trascienda colores y logotipos. Si vuelve a ser observado, tendrá una oportunidad adicional para reforzar su narrativa de organización que enfrenta obstáculos desde las instituciones.

Somos ya no está en la etapa de simplemente obtener un registro; ahora comienza la parte verdaderamente difícil: demostrar que puede convertirse en una fuerza electoral competitiva.

El 7.9 por ciento que presumen puede ser una señal de crecimiento, pero también una expectativa que tendrá que ser comprobada en las urnas.

El conflicto con el INE puede darle visibilidad, pero no sustituirá la necesidad de tener candidatos competitivos, estructura territorial, propuestas reconocibles y una marca electoral que el ciudadano pueda identificar fácilmente.

El verdadero examen para Somos no será únicamente qué nombre o qué color aparecerá finalmente en la boleta de 2027.

Será saber si, detrás de ese nombre y ese color, existe un partido capaz de convertir su discurso de inconformidad institucional en una alternativa electoral real.

enriquepompeyo@hotmail.com