Hernández Espejo y la renovación en el Puerto / Hora cero

Hora cero

Hernández Espejo y la renovación en el Puerto

Luis Alberto Romero

El cambio de gobierno en el Ayuntamiento de Veracruz representa el cierre de una etapa marcada por el desgaste y el inicio de otra que genera altas expectativas.

La toma de protesta de Rosa María Hernández Espejo, realizada en el emblemático Teatro de la Reforma, simboliza la llegada de un proyecto político que se presenta como ruptura frente a una administración saliente, la de Patricia Lobeira, muy cuestionada por el abandono urbano, los servicios deficientes y una percepción generalizada de falta de conexión con la gente.

La imagen del puerto en los últimos años, con calles deterioradas, problemas de agua, deficiente alumbrado y colonias marginadas, pesó en el ánimo social.

No es casual que el discurso de Hernández Espejo haya puesto el acento, desde el primer minuto, en el rescate de los servicios públicos y en la idea de que la ciudad “no puede ser rehén de intereses particulares”.

La toma de protesta estuvo lejos de ser una ceremonia para administrar inercias; fue un acto que buscó marcar distancia con el pasado inmediato y enviar señales de orden, legalidad y revisión de decisiones heredadas.

Rosa María Hernández Espejo llega al cargo con un perfil poco común en la política municipal tradicional. Su trayectoria como periodista, académica, activista y dos veces diputada federal le ha dado una voz reconocible en el debate público y una narrativa asociada a causas sociales.

Esa biografía explica el tono de su discurso, insistente en el humanismo, en la honestidad como principio no negociable y en la idea de que gobernar es escuchar y estar en territorio. El anuncio de los “lunes ciudadanos”, “jueves en la colonia” y oficinas locales de atención refleja una apuesta por derribar la imagen del Palacio Municipal como un espacio lejano e inaccesible.

Uno de los mensajes más importantes fue el rescate del sistema de agua y del alumbrado público concesionado, dos símbolos del modelo de privatización que dejó profundas molestias sociales.

Al afirmar que “el agua no es una mercancía, es un derecho”, Hernández Espejo conecta con un reclamo histórico de los veracruzanos y coloca a su gobierno en una lógica de confrontación con intereses económicos que durante años encontraron terreno fértil en el municipio.

Revisar concesiones, enfrentar contratos y ordenar finanzas implica costos políticos, pero también define el carácter de una administración que dice no venir a perseguir, pero tampoco a encubrir.

El componente social del discurso también es revelador. Programas como el Proyecto Esperanza, el sistema municipal de apoyo alimentario y la beca de transporte para estudiantes universitarios apuntan a un gobierno que busca intervenir en la vida cotidiana, sobre todo en colonias populares.

En un municipio con una enorme desigualdad social, donde el contraste entre zonas turísticas y periferias marginadas es evidente, la apuesta por el cuidado de adultos mayores, niñas y niños, y por la reconstrucción del tejido social, marca una prioridad clara.

En Veracruz, la presencia de la gobernadora Rocío Nahle en el evento envió un mensaje de respaldo político y de alineación entre el gobierno municipal, estatal y federal. En términos prácticos, esto puede traducirse en apoyo para resolver problemas como la regularización de colonias, la infraestructura urbana y la seguridad, temas que Hernández Espejo reconoció como herencias complejas.

La toma de protesta de Rosa María Hernández Espejo no resuelve, por sí sola, los problemas del puerto de Veracruz. Sin embargo, sí redefine el tono del gobierno municipal. Frente a una administración saliente señalada por el abandono, la nueva alcaldesa apuesta por un relato de transformación, cercanía y justicia social.

@luisromero85