Hora cero
El PRI, ante una tormenta perfecta en 2027
Luis Alberto Romero
El Partido Revolucionario Institucional parece empeñado en provocar su propia extinción. Esta disminuida fuerza política, que en el ámbito nacional encabeza Alejandro Moreno, se ha encargado de alejar a quienes durante años se convirtieron en sus cuadros más destacados; la desbandada es evidente y se refleja en los resultados electorales recientes.
En 2024, la más reciente elección presidencial, los votos priistas apenas significaron el 7.6% del total nacional.
En 6 años, el PRI cayó del 16.4% al 7.6%; el desplome fue superior al 50%; en pocas palabras la fuerza del tricolor se redujo a menos de la mitad en un sexenio.
Este partido, que gobernó al país durante más de 7 décadas, primero como Partido Nacional Revolucionario y posteriormente como Partido de la Revolución Mexicana, antecedentes de lo que se conoce hoy como PRI, ha dejado de ser una fuerza política medianamente influyente.
En 2018, con José Antonio Meade como candidato presidencial, el tricolor logró más de 7.4 millones de sufragios; en 2024, en alianza con PAN y PRD, se sumó a la postulación de Xóchitl Gálvez y en consecuencia perdió 2 millones de votos.
En ese tiempo, de 2018 a 2024, el PRI mantuvo el tono belicoso del discurso; el más reciente ejemplo se registró apenas el pasado 3 de enero, cuando su dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, llamó a evitar una “narcodictadura terrorista en México”; de igual forma, anticipó que su partido votará en contra de la reforma electoral que se cocina en el Congreso.
El cálculo de la dirigencia priista parece enfocarse en conservar su base electoral con un discurso pendenciero; sin embargo, los últimos resultados derriban la idea; el PRI no sólo no ha registrado un crecimiento, sino que ha decrecido en las preferencias electorales.
¿Cómo está el partido en Veracruz? Igual, incluso peor. Con Adolfo Ramírez Arana en la dirigencia estatal, el priismo representa cada vez menos.
En las elecciones de 2024, la contienda por la gubernatura, el PRI superó los 370,000 sufragios, y se mantuvo como la tercera fuerza política. Un año después, Ramírez Arana exhibió sus deficiencias como dirigente partidista; perdió 40 mil votos con respecto al proceso anterior y pasó al quinto lugar.
El dirigente estatal bien podría escribir un tratado sobre como desfondar a un partido político y reducirlo a su mínima expresión.
Sin alianzas políticas de peso; sin cuadros importantes, porque los únicos rescatables han marcado distancia de su dirigencia; hundido en el descrédito; y con una presencia sólo testimonial en el espectro político estatal, el PRI es un barco en naufragio.
Tan obvia es la crisis priista, que para encontrar las últimas victorias electorales importantes en la entidad habría que retroceder más de una década.
Ante la realidad de una base electoral reducida; el enorme rechazo ciudadano; la consolidación del partido en el poder; la falta de una dirigencia efectiva y capaz; y una previsible e inminente desbandada de cuadros hacia Morena o MC, el PRI podría enfrentar una tormenta perfecta en 2027, cuando se llevará a efecto la elección intermedia.
@luisromero85



