Zonas industriales en Veracruz: la oportunidad económica que no puede esperar / Edgar Sandoval

Edgar Sandoval / Apuntes de Economía

Veracruz con sus ventajas competitivas y absolutas, como el territorio, puertos, energía, campo, industria, mano de obra y ubicación estratégica, presenta oportunidades que durante años han estado dispersas. Por eso, hablar de zonas industriales no es hablar únicamente de naves, bodegas o terrenos; es hablar de cómo ordenar el crecimiento económico del estado.

Los datos muestran que la oportunidad es real. En 2024, Veracruz aportó 4.3% del PIB nacional y su economía creció 3.1% en términos reales, por arriba del crecimiento nacional de 1.4%. Más importante aún: las actividades secundarias crecieron 5.9%, impulsadas por construcción, minería e industria. En la estructura estatal, la manufactura representa 14.4% del PIB; el transporte, correos y almacenamiento, 8.8%; el comercio al por mayor, 9.4%; y el comercio al por menor, 11.5%. Es decir, Veracruz ya tiene una base industrial, logística y comercial; lo que falta es conectarla mejor.

Ahí entra el valor de las zonas industriales. Cuando se instala una empresa, no sólo se genera empleo directo. Se activa un efecto multiplicador: llega construcción, transporte, mantenimiento, seguridad privada, servicios financieros, alimentos, hospedaje, capacitación técnica, proveedores locales y recaudación. Una inversión industrial bien planeada no termina dentro de una planta; se derrama hacia la ciudad, el comercio y los hogares.

El sur de Veracruz es el ejemplo más evidente. Coatzacoalcos, Texistepec y San Juan Evangelista forman parte de la conversación nacional por el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. La Línea Z conecta Coatzacoalcos con Salina Cruz en 308.5 kilómetros y convierte al estado en una plataforma entre el Golfo de México y el Pacífico. Si esa infraestructura se combina con parques industriales eficientes, Veracruz puede competir en petroquímica, agroindustria, energía, autopartes, farmacéutica, maquinaria, tecnologías de información y logística.

Pero el potencial no está sólo en el sur. El puerto de Veracruz conserva una vocación logística y comercial de alcance nacional; el norte tiene fuerza en hidrocarburos, energía, cítricos y conexión con el mercado del Golfo; el centro puede crecer en agroindustria, alimentos procesados, servicios especializados y encadenamientos con Xalapa, Córdoba, Orizaba y la zona metropolitana de Veracruz-Boca del Río.

La clave está en evitar que las zonas industriales sean islas. Deben estar conectadas con carreteras, ferrocarril, puertos, electricidad, agua, permisos rápidos y universidades técnicas. También deben vincularse con proveedores veracruzanos, porque si la inversión llega pero compra todo fuera, el multiplicador local se reduce.

Veracruz tiene 3.35 millones de personas ocupadas, pero casi siete de cada diez trabajan en la informalidad. Por eso la apuesta industrial no debe medirse sólo por hectáreas ocupadas, sino por empleos formales, salarios, capacitación y empresas locales integradas a las cadenas de valor.

La oportunidad está servida. Si Veracruz convierte sus zonas industriales en ecosistemas productivos, el estado puede dejar de ser territorio de paso y convertirse en territorio de transformación.