El gran potencial del Transístmico y la mentira de sustituir al Canal de Panamá
Dr. Rafael Vela Martínez
Desde hace casi dos años advertí, con base en investigación regional aplicada, que el Proyecto Transístmico Coatzacoalcos–Salina Cruz no estaba en condiciones de desplazar, sustituir o suplir las actividades del Canal de Panamá. Esa advertencia fue desarrollada y presentada como ponencia en el trabajo “Retos del Proyecto Transístmico como palanca del desarrollo regional”, publicado a nivel nacional en el Congreso de Regionalistas de 2024 de la AMECIDER.
Hoy, los hechos confirman aquella tesis: una cosa es contar con un corredor ferroviario, carretero y portuario entre Coatzacoalcos, Veracruz, y Salina Cruz, Oaxaca; y otra muy distinta es afirmar, con ligereza política, que ese proyecto puede competir en condiciones equivalentes con una de las infraestructuras marítimas más importantes del comercio mundial. Para dimensionar la diferencia, conviene poner números sobre la mesa. En 2022 se estimaba que por el Canal de Panamá transitaron aproximadamente 5.5 millones de TEU; es decir, contenedores equivalentes de 20 pies. Además, los buques Neo-Panamax que utilizan sus esclusas ampliadas pueden transportar entre 14 mil y 15 mil TEU por embarcación. En datos más recientes, la Autoridad del Canal de Panamá reportó para el año fiscal 2025 un total de 13,404 tránsitos y alrededor de 489 millones de toneladas CP/SUAB. Esa escala operativa revela que se trata de una infraestructura mundial, no de un simple paso regional de mercancías.
Ahora bien, si se compara esa magnitud con los puertos veracruzanos, la distancia es evidente. El Puerto de Veracruz, que es el principal puerto de contenedores del Golfo de México, movió alrededor de 1.3 millones de TEU en 2024 y prácticamente la misma cifra en 2025. Con su ampliación, su capacidad comercial total se proyecta de 23 a 95 millones de toneladas, y se ha señalado un potencial de hasta 3 millones de TEU. Se trata de un puerto de enorme relevancia nacional, pero aun así su movimiento actual de contenedores representa apenas una fracción del flujo que pasa por el Canal de Panamá.
El caso de Coatzacoalcos es todavía más ilustrativo. Coatzacoalcos es un puerto estratégico, con vocación energética, petroquímica, granelera, ferroviaria y de ferrobuque; incluso se le reconoce como uno de los puertos con mayor movimiento de carga total en México. Sin embargo, su especialización histórica no ha sido la carga contenerizada de gran escala. Sus propios proyectos de terminal de contenedores han considerado una primera etapa con capacidad dinámica de 300 mil TEU anuales, y una segunda etapa en Pajaritos con 650 mil TEU anuales. Aun sumadas ambas etapas, su potencial proyectado rondaría los 950 mil TEU por año, muy por debajo de la escala del Canal de Panamá.
Por eso resulta engañoso decir que el Transístmico desplazará al Canal de Panamá. El Canal mueve buques completos a través de una vía marítima continua. El Transístmico tendría que descargar, trasladar y volver a cargar. Ese proceso implica maniobras adicionales, costos adicionales, tiempos adicionales y riesgos operativos adicionales. Su utilidad puede estar en atender rutas específicas, cargas regionales, cadenas logísticas complementarias y nichos de comercio internacional; pero no en reemplazar de manera generalizada la función del Canal de Panamá.
Los datos recientes vuelven todavía más evidente esta diferencia. Mientras el Canal de Panamá mantiene miles de tránsitos anuales y cientos de millones de toneladas movilizadas, el Transístmico aún enfrenta problemas elementales de operación, seguridad y consolidación. Ahí está el punto central: el Transístmico no debe medirse por su capacidad de competir con Panamá, sino por su capacidad de detonar desarrollo regional en el Istmo. Y esa fue precisamente la aportación principal de mi trabajo. No se trataba sólo de advertir que el proyecto no supliría al Canal de Panamá; se trataba de demostrar que sí puede capitalizarse como proyecto de gran visión, siempre que se le otorgue una orientación regional, productiva y social.
¿Qué significa esto? Significa definir el perfil de cada parque industrial o polo de desarrollo de acuerdo con las potencialidades reales de su entorno microrregional. No todos los espacios deben convertirse en bodegas, patios de maniobra o enclaves para empresas externas. Algunos pueden tener vocación agroindustrial; otros, logística; otros, petroquímica; otros, energética; otros, tecnológica; y otros, de manufactura ligera. Pero esa definición no puede improvisarse desde un escritorio centralista: debe partir de diagnósticos territoriales, vocaciones productivas, disponibilidad de mano de obra, conectividad real, condiciones ambientales y necesidades sociales.
Una de las líneas más importantes es la reactivación agropecuaria y agroindustrial. Si el sur-sureste sigue importando de otras regiones buena parte de los alimentos que consume, entonces el dinero que circula por sueldos y salarios continuará fugándose hacia otros estados. El Transístmico puede ayudar a revertir esa tendencia si se crean cadenas cortas de producción, acopio, transformación, distribución y comercialización de alimentos. Esa sería una forma real de generar riqueza regional, no sólo de mover mercancías de un océano a otro.
También es indispensable invertir en educación técnica, ingeniería, logística, tecnologías de la información, ciberseguridad, comercio internacional, economía regional y planeación urbana. Sin capital humano especializado, los mejores empleos serán ocupados por personal externo y la población local quedará reducida a trabajos temporales, mal pagados y de baja calificación.
Por eso, sostengo nuevamente lo que advertí desde la investigación: el Proyecto Transístmico no suplirá al Canal de Panamá. Seguir afirmándolo es engañar a la población del sur-sureste del país y a los veracruzanos. Pero también sostengo, con la misma claridad, que el Transístmico sí puede ser una oportunidad histórica si se le deja de usar como consigna política y se diseña como un PROYECTO DE GRAN VISIÓN para reactivar la economía veracruzana.



