- Tania Marisol Susan, alumna del Doctorado en Ecología Tropical de la Universidad Veracruzana (UV), estudió esta especie para conocer los factores que limitan su disponibilidad
- Esta problemática influye en la reproducción del árbol, y limita las características requeridas para su uso ritual
Redacción Hora Cero
Tania Marisol Susan Tepetlán, alumna del Doctorado en Ecología Tropical del Centro de Investigaciones Tropicales (Citro) de la Universidad Veracruzana (UV), desarrolla un estudio sobre el palo volador (Casearia laetioides) para conocer la diversidad genética y funcional de este árbol a escala de paisaje, individuo y genes, con el objetivo de aportar alternativas para su conservación y restauración.
En entrevista, recordó que esta especie es de gran relevancia biocultural en la región del Totonacapan y el interés por investigarlo surgió a partir de la necesidad de dejar de “romantizar” el uso de las plantas asociadas a los pueblos originarios, y analizar –con datos científicos– los factores que limitan su disponibilidad.
Aunque este árbol ha sido históricamente utilizado en el ritual de los Voladores de Papantla, señaló que en años recientes su uso ha disminuido, al grado de que dicha comunidad ha optado por adquirir estructuras metálicas ante la dificultad de encontrar especies que cumplan con las características físicas requeridas.
No obstante, aclaró que el desuso del palo volador es relativamente reciente, lo que llevó a cuestionarse por qué una especie considerada resistente resulta cada vez más difícil de encontrar en condiciones óptimas.
La universitaria mencionó que el Totonacapan es una región altamente fragmentada, afectada a lo largo de más de cuatro décadas por actividades como la extracción petrolera, la agricultura y la ganadería.
Hasta el momento, la investigación presenta avances significativos. Detalló que, a nivel de paisaje, los resultados indican que en la región existe más fragmentación que pérdida de cobertura vegetal, condición que, si bien favorece la reproducción de esta especie, no contribuye al desarrollo de los rasgos funcionales que buscan los voladores: árboles altos, rectos, fuertes y densos. Actualmente, hay más individuos, pero de menor tamaño, delgados y frágiles.
El análisis por etapas de vida muestra que la fragmentación afecta de manera distinta a los árboles juveniles y adultos. En los primeros, el impacto se presenta a una escala muy local, alrededor de 100 metros; mientras que en especies adultas los efectos comienzan a observarse a partir de un kilómetro. Estos hallazgos, señaló, son clave para orientar acciones de restauración con base científica.
Otro componente del estudio se centra en la calidad del suelo y el estado nutricional de los árboles. Al respecto, indicó que los individuos ubicados cerca de zonas agrícolas, especialmente de cultivos de cítricos, presentan hojas con niveles más bajos de carbono, nitrógeno y fósforo. En contraste, los árboles con mejores características funcionales se localizan cerca de los acahuales, espacios de vegetación en recuperación que, además, cuentan con un manejo productivo asociado al cultivo de vainilla y frutales.
Este ambiente, afirmó, genera beneficios compartidos, ya que los acahuales no solo aportan recursos para el autoconsumo y el comercio, también crean condiciones microclimáticas favorables para el desarrollo del palo volador, lo que resulta relevante para productores, comunidades, biólogos y personas interesadas en la restauración ecológica.
Destacó que este tipo de trabajos buscan trascender el ámbito académico y de laboratorio para generar conocimiento útil que pueda ser compartido directamente con las comunidades, contribuyendo a la toma de decisiones informadas y a la conservación de especies bioculturalmente significativas.
Finalmente, Susan Tepetlán subrayó la importancia del enfoque integral promovido desde el Citro, el cual articula las dimensiones biológica y social de la investigación.



