Veracruz: crecimiento inercial, riesgo estructural y la urgencia de una nueva planeación territorial / Dr. Rafael Vela Martínez

Veracruz: crecimiento inercial, riesgo estructural y la urgencia de una nueva planeación territorial

Dr. Rafael Vela Martínez.

En días recientes, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dio a conocer el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE), una herramienta fundamental para entender la evolución de la economía en las entidades federativas. Este indicador, al desagregar la actividad en sectores primario, secundario y terciario, permite identificar no solo el comportamiento coyuntural, sino las tendencias estructurales del crecimiento económico. El dato más reciente enciende una señal de alerta: Veracruz registró una caída de -0.2% en el cuarto trimestre de 2025 respecto al mismo trimestre del año anterior. A simple vista podría parecer un ajuste menor. Sin embargo, visto en perspectiva histórica, este resultado confirma una tendencia más profunda: la economía veracruzana no logra consolidar un crecimiento sostenido.

El análisis que he realizado para el periodo 2015-2025 evidencia una trayectoria errática. Veracruz ha transitado por fases de bajo crecimiento, contracciones severas y recuperaciones parciales que no han logrado consolidarse. Entre 2016 y 2018, la entidad registró caídas consecutivas (-2.2% y -2.5%), reflejando un debilitamiento estructural. Posteriormente, aunque hubo una recuperación en 2019-2020 (2.2%), esta fue insuficiente frente al desplome de -7.6% en 2020-2021, el más severo de la década. Si bien en los años recientes se observa una recuperación —5.6% en 2021-2022 y crecimientos moderados posteriores—, estos resultados no representan una expansión robusta, sino un rebote estadístico tras una fuerte contracción. Más aún, el análisis confirma una característica preocupante: alta volatilidad económica, con ciclos recurrentes de crecimiento seguidos de caídas abruptas, lo que revela una economía sin bases sólidas de expansión.

El problema no es coyuntural: es estructural. El comportamiento observado no es producto del azar ni exclusivamente de factores externos. Es el resultado de una falla estructural en la forma de planificar el desarrollo económico en Veracruz. Durante décadas, los gobiernos estatales —sin distinción partidista— han mantenido un modelo de planeación sectorial, fragmentado y desarticulado del territorio, ignorando la principal ventaja comparativa de la entidad: su carácter metropolitano. Veracruz cuenta con 7 Zonas Metropolitanas (ZM); un Área Conurbada (Acayucan); y, un municipio con perfil metropolitano (Tuxpan). Estos nueve nodos concentran la mayor parte de la actividad económica y la generación de riqueza (más del 85% del PIB estatal).

Lo que hoy sostiene la economía veracruzana es un fenómeno peligroso: crecimiento inercial. Es decir, las zonas metropolitanas siguen generando actividad económica no por una estrategia gubernamental, sino por su propia dinámica interna. Pero toda economía tiene límites: cuando no existe inversión estratégica, planeación territorial ni políticas de articulación regional, se activa una ley económica inevitable: los rendimientos marginales decrecientes. La ausencia de una visión territorial ha generado tres grandes problemas estructurales: 1. Fuga sistemática de riqueza, ya que gran parte del ingreso generado en las zonas metropolitanas se traslada a otras entidades por falta de integración productiva local (alrededor de 15 mil millones de pesos mensuales); 2. Desarticulación regional, pues no existe una estrategia que vincule lo urbano con lo rural, lo industrial con lo agrícola, ni los mercados con la producción local; y, 3. Subinversión en infraestructura estratégica, en tanto las metrópolis operan por debajo de su potencial debido a la falta de equipamiento, logística y planeación de largo plazo.

La solución que proponemos es una nueva regionalización basada en Regiones Metropolitanas (RM). El problema no se resolverá con programas aislados ni con incrementos marginales del gasto público, se requiere un cambio de paradigma: pasar de la planeación sectorial a la planeación territorial. La propuesta es clara: estructurar la política pública en torno a Regiones Metropolitanas (RM), donde cada ZM funcione como nodo de desarrollo articulado con su entorno regional. Esto implica: a) Planificar desde el territorio, no desde las dependencias; b) Integrar cadenas productivas regionales; c) Retener la liquidez dentro de cada región; d) Impulsar inversión estratégica en infraestructura metropolitana; e) Vincular campo, industria, servicios y Universidad Veracruzana, bajo una lógica territorial.

Veracruz no es un estado pobre en recursos. Es un estado mal planificado. Los datos del ITAEE no solo reflejan una caída coyuntural. Son la evidencia de que el modelo actual ha llegado a su límite. Si el Gobierno del Estado no actúa de manera inmediata es muy probable que el crecimiento moderado se convierta en estancamiento; el estancamiento en contracción; y, la contracción en crisis estructural: la historia económica reciente ya lo ha demostrado.

Veracruz tiene todo para crecer: ubicación estratégica, recursos naturales, capital humano y una estructura metropolitana única en el país. Lo que falta no es diagnóstico, desde mi punto de vista lo que falta es decidir: decisión para invertir donde se genera la riqueza que es en las ZM, con estrategias de dispersión de la actividad económica hacia los municipios adyacentes; decisión para reorganizar el territorio con base en la propuesta de Regiones Metropolitanas (urbano-rurales); y, decisión para romper con la inercia administrativa que es una herencia de por lo menos hace 20 años.

Si lo analizamos desde la perspectiva de la planeación política, como lo advirtió Carlos Matus, “gobernar es elegir entre alternativas bajo restricciones; no elegir también es una forma de elegir”. A su vez, desde la Economía Regional —hoy más vigente que nunca frente a la crisis de la globalización—, Gunnar Myrdal explicó que los procesos económicos son acumulativos (Principio de la Causación Circular Acumulativa): cuando operan en sentido negativo, generan círculos viciosos difíciles de revertir. Veracruz aún está a tiempo de romper ese ciclo; no hacerlo implicaría institucionalizar el rezago.