Veracruz trabaja, pero no prospera: la precariedad laboral de un estado desarticulado II / Dr. Rafael Vela Martínez

Veracruz trabaja, pero no prospera: la precariedad laboral de un estado desarticulado / II

Dr. Rafael Vela Martínez

La precariedad laboral también está relacionada con la forma desarticulada en que funciona la estructura urbana de Veracruz. El estado cuenta con ocho ciudades medias (concentraciones urbanas de más de 100 mil habitantes): Poza Rica, Xalapa, Veracruz, Boca del Río, Orizaba, Córdoba, Minatitlán y Coatzacoalcos. Estas ciudades concentran buena parte de la población, los servicios especializados, la infraestructura, las instituciones educativas y la actividad económica; sin embargo, no funcionan como una red estatal integrada. En vez de constituir un sistema de ciudades, operan como nodos relativamente aislados que concentran actividad económica sin transmitir suficientemente sus beneficios hacia los municipios circundantes.

En el Índice de Competitividad Urbana 2026 del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en lo referente al mercado laboral. Veracruz se ubicó en la sexta posición de su categoría, mientras Xalapa descendió hasta el lugar 15 de 17 ciudades. En el grupo de 250 mil a 500 mil habitantes, Coatzacoalcos ocupó el lugar 17, Minatitlán el 18 y Orizaba el 22 de 23 ciudades evaluadas. Estos resultados demuestran que Veracruz posee algunas fortalezas urbanas, pero no ha logrado convertirlas en una plataforma territorial de competitividad.

A las ocho ciudades medias se agregan 19 ciudades intermedias (con poblaciones urbanas de más de 30 mil y menos de 100 mil habitantes): Tuxpan, San Andrés Tuxtla, Martínez de la Torre, Papantla, Acayucan, Coatepec, Tierra Blanca, Las Choapas, Río Blanco, Agua Dulce, Pánuco, Perote, Ciudad Mendoza, Tlapacoyan, Jáltipan, Coatzintla, Huatusco, Cosamaloapan y Tantoyuca. Estas ciudades podrían funcionar como centros regionales de producción, comercio, servicios, logística, educación, transformación agroindustrial y distribución. Podrían acercar empleos, infraestructura y mercados a los municipios rurales. Sin embargo, permanecen débilmente integradas con las ZM y carecen de especializaciones económicas claramente impulsadas mediante políticas públicas.

La consecuencia es una doble concentración: las ciudades medias concentran la mayor parte de la actividad económica, mientras extensas áreas rurales y pequeñas localidades dependen de economías de subsistencia. Entre ambos extremos, las ciudades intermedias no reciben las inversiones necesarias para convertirse en verdaderos centros articuladores del desarrollo regional. Esta desarticulación aumenta los costos de transporte, debilita los mercados internos, provoca migración, dispersa la inversión y obliga a miles de personas a aceptar empleos informales y mal remunerados.

El propio IMCO sostiene que las ciudades competitivas deben compartir infraestructura, conectar el talento con las oportunidades y acelerar la difusión del conocimiento. Eso es precisamente lo que Veracruz NO HA LOGRADO construir entre sus ZM, ciudades medias, ciudades intermedias y territorios rurales.

Lamentablemente  Veracruz carece de una verdadera política económica territorial; es decir, estar falto de una estrategia operativa que articule a las ciudades, defina vocaciones económicas regionales, vincule a las instituciones de Educación públicas con las empresas, fortalezca ciudades intermedias y asigne presupuestos multianuales a proyectos productivos de alcance regional.

El Congreso de Veracruz tampoco ha colocado este asunto entre sus grandes prioridades. Mientras la discusión legislativa permanezca concentrada en asuntos coyunturales, disputas partidistas y aprobaciones presupuestales convencionales, la precariedad laboral seguirá tratándose como un problema asistencial y no como el resultado de una estructura productiva territorialmente desarticulada.

La alternativa consiste en reorganizar la planeación económica de Veracruz mediante Regiones Metropolitanas. Esta propuesta plantea articular las zonas metropolitanas, ciudades medias, ciudades intermedias y municipios rurales de acuerdo con sus relaciones económicas, laborales, comerciales, logísticas y de prestación de servicios. La nueva regionalización comprendería nueve espacios: Región Metropolitana Huasteca, Totonacapan, Café, Puerto, Altas Montañas, Llanuras, Istmo, Puerto México y Olmeca. Cada una tendría que contar con un diagnóstico productivo, una cartera de proyectos estratégicos, un sistema regional de ciudades y una política de empleo, innovación y formación de capital humano.

En cada Región Metropolitana deberían crearse Consejos Regionales de Productividad, integrados por gobiernos municipales, empresarios, organizaciones de productores, trabajadores, instituciones tecnológicas y la Universidad Veracruzana. Asimismo, la UV tendría que crear clústeres regionales de investigación científica, innovación tecnológica y transferencia de conocimiento, vinculando sus centros e institutos con sectores productivos concretos.

Está claro que Veracruz no superará la precariedad laboral mediante programas aislados, ferias de empleo o discursos sobre el emprendimiento. Necesita elevar la productividad de sus empresas, articular a la Universidad Veracruzana (UV) con el sector productivo, recuperar la competitividad de sus ciudades medias, fortalecer sus 19 ciudades intermedias y construir un verdadero sistema estatal de ciudades.

La población veracruzana ya trabaja, y trabaja mucho. Lo que falta es que el gobierno, el Congreso, las instituciones públicas de educación, en particular la UV,  y el sector empresarial construyan las condiciones para que ese trabajo genere productividad, mejores salarios, seguridad social y bienestar. El desafío no es únicamente crear más empleos: es lograr que trabajar en Veracruz deje de ser una forma de sobrevivir y se convierta en una oportunidad real de prosperar.